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mESA REVUELTA hecho, tiene buen material... ¡Pero me aprieta! -íAh! -Sí, señor... ¡Cada uno sabe donde le aprieta el zíipatol Attgusto e s t a b a inconsolable p o r la muerte de uno de sus amigos predilectos. -Consolaos, señor- -le dijo un cortesano; -vuestras lágrimas no podrán devolverle la vida. Eso es precisamente lo que me desconsuela- -respondió el gran Emperador romano. Cuando el general tebano Pélopidas marchó á la guerra, le dijo llorando su mujer: -i Sobre todo, cuídate mucho! -Te olvidas de quien soy- -respondió Pél podas. -Un general no debe cuidarse, sino cuidar á los demás. A M I S I Ó N DE U N GENERAL D ESCONSUELO EL IDEAL- ¡Caballero, no saldrá usted de esta fonda hasta que pague la cuenta! ¡Oh, qué suerte la máa! Por fin he encontrado lo que hasta la fecha he buscado inútilmente. ¡Un asilo seguro para toda mi vida! P L DESCONOCIDO Un chico muy p L MEJOR Dionisio, tirano de S Í SISTEMA racusa, no podía vivir atormentado por las conspiraciones rué se fraguaban en su contra. Un hombre hizo anunciar que él tenía un sistema infalible para descubrirlas, y que, lo comunicaría mediante una fuerte suma. Llamóle Dionisio, y él desconocido le dijo: -Señor, no tengo ningún sistema. Pero si decís á las gentes que os he revelado uno infalible, nadie se atreverá á conspirar, Dionisio lo encontró excelente, y pagó la cantidad estipulada. Pájaro quisiera ser pa echarme asina á volar en busca de los suspiros que á mi puerta siento dar. RENGLONES CORTOS BRUMAS E l rio vuelve á su cauce, la golondrina á su nido; ¡sólo al corazón no v u e l v e la ilusión que se íta perdido! Copla popiílar. -duro de mollera quería acariciar á un loro que le miraba enfurecido desde su jaula. -No te acerques- -le dijo el amo de la casa- -porque te picaría. ¿Y por qué? -Porque no te conoce. -Pues dígale usted que me llamo Tiburcio. I A CAMISA- ¿Qué has hecho de la camisa? -preguntaba un bohemio que no la llevaba á un compañero de glorias y fatigas. -Estaba tan sucia, que la vendí ayer para comprar jabón con que lavarla. CANTARES ILUSTRADOS ANÉCDOTAS Luis X I tenía tan gran opinion de si mismo, que raramente admitía algún consejo. Un día que montó una jaquita, desdeñando los resistentes caballos de su cuadra, díjole malignamente Pedro de Bessé, su favorito: -Esa jaca que parece tan débil es la más fuerte cabalgadura que se puede encontrar. Lleva encima á vuestra majestad y á todo su Consejo. i I N A BUENA JACA Como sé- que de esa jaula se escapó tu ruiseñor, para que no pases pena en su lugar vengo yo. Los campos que el crudo invierno deja yermos y marchitos, en la primavera vuelven á engalanarse floridos. El niar, que ruge terrible, imponente, embravecido, en calma vuelve á quedarse amansando en sus rugidos. Vuelve el ausente á sus l a r c vuelve cl preso del presidio, ¡sólo al corazón no vuelve la ilusión que se ha perdido... Todo vuelve en este mundo, porque el retorno es preciso, i Todo volverá en la vida! ¡Todo menos nuestro idilio Ya no volverán las horas que perfumó tu cariño, ni aquellas amadas pláticas llenas de encanto purísimo, ni aquellos dulces coloquios tan llorados, tan queridos, ni aquellas noches serenas ungidas de amor magnífico... Todo volverá en la vida, ¡todo menos nuestro idilio! porque al corazón no vuelve la ilusión que se ha perdido... Está la tarde brumosa; avanzo por el camino polvoriento y serpeante; el horizonte plomizo pesa sobre mis nostalgias, y evoco nuestros idilios y pienso en ti con tristeza y con dolor intensísimo...