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WCT f i í reunió Van Dyck el beso traidor de Judas, el prendinncnto y la defensa del Señor por Pedro, acometiendo á Maleo: hechos que ocurrieron con pequeño intervalo de tieaii) o, pero no en idéiUico instante, y en la composición de esta interesantísima escena opina el autor citado que colocó Van üyck al Salvador en un alto para que subiendo la turba á prenderle quedase el conjunto muy Inen l irainiciado, como se suele decir, pero sin afectación y lesultase un grupo de los mejores que pueden inventarse Juzga que el dibujo es bueno y el colorido magistral por el buen gusto en las medias tintas, por la transparencia, por la rol us tez. por la franqueza: el empaste llega al más alto grado, las hojas de los árboles estar, tocad, s con primor y los colores se hallan di -ribuídos tan acordemente en ropajes, ai maduras y carnes, que din, uios se pintó con la imasiinación. Nopueut negarse que el color de la luz en este cuadro no es exaclamente el que corresponde á la naturaleza de la luz que arrojan las antorchas por la noche; pero compensa esta leve falla el excelente efecto del claroscuro, formado por una gran masa de luz, que, si se permite la exi resión, lesliala en el grupo del primer término. a composición de este cuadro sigue el reíalo del Evangelio de San Mateo. Cuando Jesi is, después de su angustiosa oración en el Huerto de las Olivas, halla por segunda vez á sus di. scipulos dormidos y les dice; Levantaos, vamos: ved ue llega el que me entregará r e f i e r e el evangelista que estánlo el aún hablando, he iquí llegó Judas, uno de os doce, y con él una a ande tropa de gente coa espadas y con palos que nabian enviado los príncipes de los sacerdotes y los aneianos del ¡nieblo. Y el que lo entregó les dio señal diciendo: E- que yo besare, él mismo es, prenderlo y se llegó luego á Jesús, y dijo: Dios te guarde, maestro y le besó. V Jesús le dijo; sAmigo, ¿á qué has venido? Al mismo tiempo llegaron y echaron mano de Jesús y le prendieron. Y uno de los que estaban con Jesús (San Juan dice que era Simón Pedro) alargando la mano, sacó la espada é hiriendo á un siervo el pontifíce le cortó la oreja. Entonces le dijo Jesús: Vuelve tu espada á su lugar porque todos los que tomaren espada á espada morirán. ¿Por v e n t u r a piensas que no puedo rogar á mi padre y me dará ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Contrasta admirablemente la mansedumbre del Salvador ante la traidora asechanza del discípulo con la actitud de éste y las de toda la turba, que revela en su movimiento y expresión la ferocidad y la saña. Uno de ellos, al mismo tiempo que Jadas coge la diestra de Jesús, leRÍTRATO DEL PINTOR DAVID RYCK 4 ERT vanta en sus manos la cuerda para sujetarle; otro le ase, mirándole furioso, del brazo izquierdo, y un viejo, medio desnudo, se apresura, detrás de Judas, á sujetar al Salvador con el cordel que lleva preparado. Las actitudes de los demás del acompañamiento revelan la confusión y el movimiento de aquella escena, thi primer término colocó el artista á Pedro, que, derribando en tierra á Maleo, le sujeta por la ropa con una mano, mientras con la otra levanta la esj. iada para castigarle. La figura de Crisio no parece demostrar que se dirige á Pedro para contener su enojo y someterse al cuinplimiento de las l scrituras, sino más bien á los que le prenden, para decirles aq ueilas sencillas frases, única queja que- ale de sus labios: Como á ladrón, habéis salido con espadas y con palos á prenderme; cada día estaba sentado en el templo con vosotros enseñando, y no me prendisteis. CARLOS L U I S D E CUENCA.