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tablecimientos, en los cuales no hay más remedio que entrar á veces, obligado por la necesidad prosaica de un kilo de tachuelas ó un litro de barniz Flatting- El dueño del bazar era un viejo que existía sin deber existir; un residuo humano. Aunque á los comerciantes españoles, en general, dijérase que les importa poco vender, éste exageralja el desdén hacia la ocupación. Se creería que, al pedirle el género, e le daba una mala noticia... El depcuuieni, uu cmcu escrofuloso y atontado. Al recoger uu envoltorio mal liado, dije sin fijarme: ¿No tiene usted familia que le ayude? Sobresalto... Me miró como quien pide justicia- de esas miradas que protestan, que claman al cielo- -y suspiró: ¡A h! Usted, ¡Mr lo visto, ha oído algo ya... Yo no había oído palabra, pero hice que sí con. la cabeza. -Pues si ha oído, comprenderá... w I? r- i: i I í M i n w m -wj V i a las manos colgantes, no llcnalia más fin f U C añadir un detalle autiix itico al ccniunto; así es que íué el mismo dueño el que se dedicó á serv ¡rn: e renqueando. c fijé entonces en su cara, y noté que estaba como devastada i) or un torrcritc de lkuito, una convulsión dolorosa. Había en ella surcos de amargura, y en los ojos un abismo de desconsuelo y de horror. Los hombros se iuclinalxui, agobiados, vencidos, como si les hubiese caído encima mi pc -enorme... iendo e ¡íiuicro, sni mu- arlo, añadió esl. i n ¡acongruenie: -Aíás nos va. licra á todos nacer allá en otros tiempo? cuando no halfia inxxrxiones... ¡Invenciones del tlcmonio! ¡Para cr ¡crnos, para perdernos! Inicié riii murmullo de asentimiento, sin conrprender. A los ocos días salió á relucir la historia, fué le actualidad, porque encontraron al tendero muertocu su cama, ya rígido. Su corazón estaba, según dieron, latigado, y de pronto se habría negado á Y