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ravíos mortecinos. Los asientos son muy altos, de almohadones rígidos, cuadrados, y otros cojines, ocultos en la profunda caja de los c o c h e s servían para sostener los augustos pies de los reyes y de los infantes. En el fondo del Museo y como formando una apoteosis están loscarros triunfales que sirvieron para la recepción que hizo el Papa Clemente XI al marqués de Fon tes, embajador de Su Majestad Fidelísima. Son estos carros unas enormes m á q u i nas de tal tamaño que parece imposible pudieran rodarnunca. Él barroquismo, imperante entonces, las llenó de estatuas, de grupos alegóricos, donde aparecenmezcladas y revueltas las virtudes leoiogales y las ninfas del mar, las cuatro partes del mundo y los vicios y la discordia. Son coches muy abiertos, e s p e c i e s de muelles bandejas, donde aún se adivinan las espectrales figuras de las damas empolvadas que debieron pasear en ellos, sonrientes bajo el alto edificio de sus peinados, ünterciopelo pálido, donde todavía vetean hilos de oros que íueron, recubre las ca- jas, y sin querer, s e piensa en el pasmo de ios pueblos por donde pasaron los coches y queveiían alejarse, bajo el sol luciente, sobre la cinta blanca de los caminos, estas carrozas de ensueño, que, al girar de sus ruedas bajas y brillantes, se iban desde la Santa Roma á la opulenta Lisboa, porteando un inmóvil pueblo de estatuas, que se tambaleaban al lento paso de las muías. Y como contraste á estos vehículos de lujo, otra carroza atrae la vista. Es el coche de Felipe II de España, el más antiguo del Museo. Su caja, fuerte y espesa, semejante á la de un cofre, descansa sobre un eje. Terciopelo viejísimo y clavos de cobre lo adornan. En algunas de sus vidrieras aún exis ten cuarterones, e n g a s t a d o s en cruces de hierro. No obstante su a s p e c t o pesado, se ve que aquel coche rodó y que rodó mucho por muchas y distintas tierras. Debió ser terriblemente incómodo, ápesar de algunos detalles, que, ocultos bajo el almohadillado délos asientos, nos demuestran que su augusto ocupante se preocupaba de det a l l e s prosaicos. i COCHE DE DONA MARÍA DE AUSTRIA