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LOS CLAVELES Cuenta una vieja fábula ilusoria, d e un acre aroma bárbaro y guerrero, q u e un rey britano pudo con su acero volver atrás el río de! a j- íisforia. Su blanco airón fué prenda de vicíoria, y diz que pudo- -lobo carnicero- -guardar por siempre en su escarcel de oue; o un vellón del cordero de la gloria. Las r o s a s de sancáster, los reales capullos rojos, para el mando abiertos, murieron á sus pies, como leales: y fué sudario de los campos yertos r o s a s blancas de York, flores triunfales, sobre las piras de e s c o c e s e s muertos. Com. o la de aquel rey, mi alma es de roca; más noble que el acero refulgente del paladín de York, mi plectro siente temblar las c u e r d a s de una lira loca. T r i s t e s acentos mi canción invoca, como una carga en la batalla ardiente, de los claveles blancos d s mi frente contra claveles rojos de tu boca. Yo también quiero, como el rey britano, esquivar la traición de mi destino, y enderezo las rayas de mi mano- -trocando así las pautas de mi s i n o- -con la punta de un hierro toledano engastado en un pomo jloreníino. ENRÍQUE L Ó P E Z ALARCÓN. Ü I Í U DE ABIJA