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i í: ij; f ssk r. ESCENAS PARISÍENSES Para desahogarse y buscar un poco de fresco en las noches calurosas de Agosto losvieneses tienen el Prater; los berlineses, elTiergarten; los londinenses, el Hyde Park, y los parisienses, deberían tener el Bosque de Bolonia. lil Prater, el Tiergarten y el Hyde Park pedéis recorrerlos confiadamente, primero pjorque están profusamente alumbrados, después... porque están perfectamente vigilados. Pero el Bosque de Bolonia... KI Bosque de Bolonia es un laberinto donde no conviene penetrar, sobre todo, en cuanto cae la noclie. Obscuro como boca de lobo, poblado de rateros, atte, sátiros y gentes maleantes, la policía ha adoptado la prudente resolución de aconsejar al j úblico que no se aventure por aquellos lugares, y ella misma ha concluido por considerar los peligrosos rincones del Bosque como pais libre é independiente. Si durante el d í a l a s avenidas principales están llenas de público que se pasea, de autos elegantes y de coches lujosos, al llegar la noche cambia la decoración. De vez en cuando se ve rasgar las sombras el fanal de uu auto que vuela en dirección de Armenonville ó del Pavillón Royal... Alguna que otra vez, un jaco tira perezosamente de un Aucre de alquiler... Dentro cambian promesas y juramentos una amante pareja... ¡Ko los distraigamos! ¡Es el amor que pasa! Y, sm embargo, á pesar de la obscuridad y del peligro, los senderos del Bosque están concurridísimos por la noche, y vale la pena de arriesgarse alguna vez... l í a y una población noctámbula que se apodera del Bosque en cuanto llega la noche: misántropos cjue huyen de la luz, perturbados que pasean haciendo ademanes descompuestos, locos de atar que caminan pronunciando discursos, y enamorados... iOh! Estos enamorados son muy curiosos, porque no van al Bosque á llorar desdenes de una ingrata ni á esconder las tristezas de un amor imposible... Mo... Estos enamorados son los amadores de las estatuas... Cada estatua tiene su cohorte de adoradores, celosos unos de otros, que lan las formas esculturales- ¡naturalmente! -dei objeto amado, palpitan de deseos, se arrodillan ante ellas, las hablan, suspira lloran y se desesperan... Son locos rematados, en efecto, y su locura es getieraimente apacible, duice, tranquila... Son señores de edad, militares retirados, hombres á quienes un voto sagrado prohibe el matrimonio, neurasténicos, desequilibrados, enfermos... Pero no se meten con nadie... Se contentan con venir al Bosque á la hora, del crepúsculo, como el que acude á una cita amorosa, y allí, en presencia de la estatua amada, dejan transcurrir las lloras hasta cjue oyen, no el canto de ¡a alondra como Romeo, sino los cacarees de ¡os gallos anunciando el día... Entonces huyen apresuradamente, avergonzados, como si quisieran esconderse de la luz que llega... En el bosque tienen también sus reuniones las h dndíis áe apac ícs... Nadie los molesta y pueden discutir y combinar sus planes... Hace poco tiempo la policía prendió á un joven distinguido que dui- ante el día paseaba en carruaje, era asiduo concurrente de los reslaitravis elegantes y se le creía un hombre Í Í... Pues bien, este caballero poseía en su casa un guardarropa de cómico, -Allí había todo género de disfraces, trajes de militar, ile sacerdote, de chaufeur, y por las noches vestíase de manera distinta y se iba al Bosque. Ya se sabía que diariamente caían tres ó cuatro victimas y no había manera de echar nunca mano al criminal; la misma policía pensaba que se trataba de un loco... No, no le hubieran cogido nunca si la criada no descubre un día el rincón donde el señorito escondía sus disfraces... Ella le denunció, y gracias á ella pudimos enterarnos de los medios que empleaba para procurarse dinero estejoven á la moda que conocían casi todas las cocolles de lujo, y que se gastaba el dinero que era un gusto, En su casa encontraron las autoridades un tesoro en bolsillos de plata y oro, cadenas, relojes, encajes... ¡qué sé ye! Era e! producto de muchos meses de iuqjuuidad en su laboriosa ocupación nocturna. Los rincones del Bois de Boulogne son interesantes, pero peligrosos al llegar la noche. Cuando un extranjero viene á París y le da la idea de ir á cenar uua noche- á cualquiera de tos leslattranls instalados ea el Bosque, experimenta cierta inquietud al ver hundirse al coche que le conduce en aquellas lóbregas soledades. Esta economía de luz- -exclama- -gs una de las mayores vergüenzas de París Pero si iluminaran el Bosque, ¿qué sería entonces de esos pobres enamorados de as estatuas que, amparándose en la obscuridad, van por las noches á declarar sus ansias amorosas ante un pedazo de piedra blanca? Lo s RINCONES DEL BOiS DE BOULOGNE JOSÉ JUAM CADENAS.