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de pan y una cinta de plata, un rroyuelo bordeado de álamos que al amanecer hervían y cantaban porque los daba vida un pájaro en cada hoja. ¡O r i é n pudiera ir con ellos! -j Calma 1 Iremos pronto. N o pueden hacerse todas las cosas de una vez Y el otro hermano soñaba más. Qué afán de juntarse todos en el mismo rincr- n como si no hubiera más m u n d o que el que veis desde aquí j Cuando tengamos fuerzas iremos m u cho mas lejos y veremos cosas nuevas. Tenían tanto deseo de ir lejos y de ver cosas soltarse en el aire y hendirle y subir hacia el cielo. Además, cuando nosotros damos los primeros p a sos no tenemos conciencia todavía, mientras que los gorriones saben que toman posesión de un elemento suyo. Empiezan á vivir con más malicia que nosotros, y calculan muy bien la proporción entre el vigor de sus alas y la distancia al nido. Si veis un pajarillo párvulo en el suelo, nunca será porque se ha caído, sino porque le han tirado. Ellos no necesitan aprender de nadie la prudencia de contar sólo con sus propias fuerzas. Volaron. Fueron de rama en rama. Dcscubric- í: i- V 4I A ¡v- -i 1 fílf ílír y. jetíiit, í ffSVi- íwli ron su árbol- -que, contra la opinión de sus padres era una cosa completamente nueva, -su cam o, su alameda junto al arroyo... i Qué bien se vive así! ¡ü c día vuelo libre, de noclic el nido caliente 1 ¡Y amores, riñas, amistades... 1 Con esta fijilcidad iijan creciendo tan aprisa, C uc algunas noclics, al llegar al nidfj, todos pensaban en que dentro de ioco ya no iban á caber, y aunc nc lo pensaban todos, ninguno se atrevía á decirlo. Sus presentimientos no llegaban á (juitarles el s u e ñ o pero nuevas, que as! -oras se les hacían siglos, y á veces enterraban el ico en el nido y cerraban los ojos de desesperación para no ver con cuánta lentitud camina el sol. II NUESTRO IIi: UM. XÜ E AVEXTCRICKO Volaron. Vosotros, lectores, no sabéis lo que es volar, porque nadie tendrá la pretensión de comp a r a r sus primeros asos cor. esa alegría loca de