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d- c todo, hemos tenido que dar mil rodeos: uno de ellos, el de acercarnos á Barcelona por F r a n cia, y no i or los Bajos y Orientales Pirineos, sino por París, que cae mucho más arriba. Los periódicos de la ville lumiére nos enteraban de lo que ocurría en la ciudad condal. Nos lo contaban visto con cristal de aumento y además rojo. Más rojo que lo que el cuadro ha sido, i y cuidado que lo fué! Allá los Gobiernos con sus proceünnientos del misterio. Probablemente estaremos en mayoría los partidarios del régimen de la claridad. Cuando se llega á situaciones en las que se hacen indispensables las medidas del rigor, bien empleado está el palo, pero contra la mentira, contra el engaño manifiesto, contra la exageración tendenciosa. L a verdad cruel y triste, á veces es más tranquilizadora que el silencio. Este puede engendrar la incertidumbre, el terror, la desesperación: agonía lenta que es un martirio. Aquella mata ó da la vida, pero de una vez: franca y noblemente. Práctica es esa de todos los Gobiernos, que revela su desconfianza hacia la opinión. Si ese recelo es justo, ¿con qué principio de lógica puede pedirse á la opinión que no desconfíe de los Gobiernos? Ejemplo que fortalece esta creencia. El lunes último se le habló con perfecta claridad al pueblo madrileño. Susurrábase por áhi- que ese día iba á haber cosas. El gobernador de la provincia, ue siempre habla en bondad p u r a ó en ironía lina, habló en trueno en lacónico bando que ardia en un crndil. N o ocultaron las autoridades sus propósitos de saludable energía. ¿Y qué sucedió con este régimen de franqueza y claridad? Que Patriótica y loable iniciativa la de esos jóvenes distinguidos que andan organizando un batallón de voluntarios p a r a ir á Iclilla á combatir con los rifeños. Con la admiración y la gratitud de España entera obtendrán el aplauso del mundo entero y á la vez ennoblecei án más aún el varonil deporte del tiro de pichón, haciendo ver que lo misiuo que se matan tórtolas en la Casa de Campo á la voz de ¡pájaro! se cazan rifeños al grito de i viva E s p a ñ a! en el Gurugú. Además de los globos Mercedes y Mariposa- escapado el segundo apenas nacido y bautizado para dar testimonio de que estamos en el aís (le la libertad, tenemos los tigres del Cinefluo. Los han traído de Barcelona. l ero no piensen ustedes mal de esas pobrecitas fieras ue se exhiben entre rejas. o son de las que corrieron en hl. ertad ni; r las calles de la ciudad condal en los i) rinK: ros di: vs de la asada semana realizando las atrocidades ue ya conocemos. -yr Regresó de Valencia la banda nnmicipal, (iue entró en triunfo y en triunfo salió de la ciudad del Furia. Nota triste de la jornada ha sido la muerte repentina de uno de sus profesores Podrá la banda, adaptándose á las circunstíuicias militares del momento, decir Cjue al entrar en o) eraciones ha sufrido una baja. E n cambio, es positivo que Villa, ü picólo maestro, como le llamaba la gentil Storchio, ha crecido, i Y lo que crecerá! Porque el simpático y popular maestro es de los que se crecen. ÁNGEL M. C A S T E L L si había tem eramentos irreflexivos prupcnsos a! desorden, reflexionaron un oco y optaron por quedarse en casa, como Cachupín. N o ha habido día más claro, sereno y tranquilo en lo que llevamos de cstio en la villa y corte. Y los hubo que olieron á queso.