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I o cierto y positivo es que entre el. Rif y Bar celona han acabado con el verano y con el veraneo. Muchas poblaciones han suprimido los festejos c ue tenían preparados, para amenizar la temporada. L a verdad es que la Magdalena no stá para tafetanes. El Ayuntamiento de Madrid economizará el puñado de pesetas que destinaba á fiestas. Nos habíamos hecho la ilusión de ver algo de navegación aérea. Nos contentaremos con las ascensiones que semanalmente organiza el Recreo de! a Castellana. P o r cierto que no sé si conocerán ustedes el ncidente más inglés y más original que le ocurrió á Blériot en su victorioso vuelo sobre el Calal de la M a n c h a que en cuanto cayó en Douvres se plantó al lado del aparato un empleado de Aduanas para exigir la consiguiente responsabilidad al aviador por haber entrado en Inglaterra con una máquina, y sin pasar por la Aduana. L a superioridad decidió que no fuese decomisado el primer aeroplano que pasaba de un país á otro. ¡Bien podía hacérsele este pequeño favor! El incidente, como queda dicho, fué original de toda originalidad. A ver, ¿cuándo ha podido suceder otro que se le parezca? El caso es que entre unas cosas y otras va deslizándose el verano sin que los famosos calores madrileños hayan hecho de las suyas. El barómetro no ha movido su aguja de la indicación de b u e n tiempo yVcaso haya que moverla con el dedo, porque tanto tiempo no puede ser bueno. O hacer lo que ha hecho un vecino de Interiaken con el Oljservatorio de Zurich. Anunciaba éste todos los días m a l tiempo y se cumplía su vaticinio. El ciudadano en cuestión telegrafió al Observatorio diciendo al director que si persistía en prono. sticar temporal á diario, los vecinos de la ciudad pedirían el traslado del Observatorio á Berna. H a y que advertir que entre Zurich y Berna existe una invencible rivalidad. Al siguiente día el Observatorio anunció buen tiempo. E n efecto, el tiempo fué magnifico. i Cualquiera convence ahora á ese prójimo suizo de que no se le debe á él la reaparición del sol en su p a í s! X- Frecuentemente recibía cartas de fieles devotos de la Lotería pidiéndole por favor unas veces, y acompañándole con la petición una sucinta historia de desgracias, ó tratando de sobornarle otras, que hiciese trampa en el sorteo de la L o tería para que el premio mayor les tocase á los solicitantes. E n una ocasión llegó una carta muy bien escrita, muy razonada. El firmante era persona de calidad. Sus funciones sociales autorizaban á creer que no sé trataba de un puro afán de lucro. Exponía sus planes, todos, muy plausibles. P a r a realizarlos no necesitaba más que la mitad del premio rñayor del próximo sorteo. Jugaba el número tantos, y ofrecía la mitad del premio ah director del Tesoro si por los medios que él juzgase oportunos y aparentemente legales lograba que aquel número fuese agraciado. L a casualidad hizo que el número saliese favorecido en el sorteo, no con el premio mayor, pero sí con el segundo. Huelga decir que el poseedor del billete se apresuraría á cobrar, pero no volvió á escribir al funcionario á quien trató de sobornar. Tampoco estará convencido este ciudadano, si vive, de que la suerte ó el azar colmaran sus ambiciones. N a d a de e s o! E l y sólo él con su tesón y su habilidad realizaron el milagro. P o r fin hemos sabido lo ocurrido en Barcelona durante la semana última de Julio. ¡Buen Recuerda este sucedido otro que aconteció hace años, siendo director del Tesoro persona ilustre de recuerdo muy grato en esta casa. trabajo nos ha costado! P o r algo dijo quien lo dijo que la verdad es cara. Hasta llegar á ella, los que tenemos el penoso deber de enterarnos