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ANO XIX KtvisTA ILUSTRADA f N U M 9 Í 3 M A D R I D 7 DE AGOSTO DÉ jgoc, í í i i j 3 ir i V u í í t? w I if i aiti. P I 4 7 i i. -í 1 If 4 V o r A A t- A- p) i- i ¿señor, una vez era un rey que tema tres hijas, ni más ni menos que todos los re 3 es de todos los cuentos. Una de éstas, la mayor, era alba como la nieve de las montañas como el nácar de los mares; tenia ojos de esmeralda, boca de fresa y pelo de lino, y se llamaba Cándida, c uc quiere decir Blanca. Otra era alambrada, fresca como una poma, con labios de cereza y cabellos de mazorca, y se llamaba Rosa, cjue quiere decir Rubia. Y la otra, que era la más pequeña, tenía por boca una flor de granado, por ojos dos cuentas de azabache y por rizos las negras coronas de los ababoles. Llamábase Bruna, que cjuiere decir J íorena. Hete aquí que un día, jugando las tres princesas en el jardín encantador del palacio del rey, su padre, corriendo como polluelos de faisán, llenando el aire de armonías con los cristales de sus risas, persiguiendo mariposas, cortando flores, escondiéndose entre los meandros y guilloquis de mirto y de ebónibus de los laberintos del parque, anda que te anda y corre cjue te corre, dieron con la verja del jardín en los confines de éste, en la cual verja había una portezuela que, por imperdonable descuido de algún jardinero.