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Estos trasnochadores de pueblo se dedican á tomar 1 fresco de las altas horas, y conocen á toda la gente maleante de la pequeña localidad. Tienen intimidad con los dos únicos serenos del lugar, y por éstos se enteran de las aventuras galantes que en el pueblo se desarrollan. A veces, los trasnochadores maltratan Pero respetemos á D. Homobono en considcracióit á s u bondad, y huyamos, en cambio, de D. Jacinto, el hombre termómetro, capaz de aburrirnos, con lo monótono de su conversación, para toda la vida. D. Jacinto cree que el veraneo es una cuestión de grados. Su preocupación única consiste en comparar las temperaturas de Madrid y del pueblo en que veranea. ¡Cómo estarán ahora achicharrándose allá abajo! -dice con cierta cruel complacencia. -En cambio, anoche tuve yo que dormir con manta Apenas llega un via) ero de la corte, D. Jacinto le aborda para preguntarle: ¿Qué tal dia hacía hoy por allí... ¿Lumbre, verdad Aquí hemos sentido calor un Dar de horas... conque no le digo á usted más. Y lo malo es que sí dice más, porque sigue hablando de temperaturas toda la temporada. ¡Hoy va á apretar de firme... ¡En San Sebastián hau. tuniáo galerna y en Burgos 39 a l a sombra... ¡Pues no dice Vélez que Cercedilla es má, 3 fresco que esto... Eíbrense ustedes de este R araur veraneante si quieren piisarbien el verano. Y libreiuse de otros tantos tipos como tendrán que soportar durante estos tres meses de calores, vulgaridades y mosquitos de trompetilla. No caigan ustedes en las garras del hablador desenfrenado, ni den asilo en el corro de sus amistades al veraneante pelma, señor que á todo trance querrá colarse en la reunión y hacerse luego el amo caciqueando en todo lo reíerrute á excursiones, recreos, bailes y expansiones propias de toda colonia estival. Como del diablo huyan ustedes del lector, tipo que parece que no va á molestar y que es inaguantable, porque el que lee en verano, más bien que por propio íuiíiUbtin solaz, lee por colocarle toda su erudición literaria al que tiene la d. íbilidad de preguntarle: y burlan a l a s autoridades, y cuando, ya aburridos, se- ¿Qué eslá usted leyendo. ¿Es alguna novelita... ientan en ios bancos de la plaza ó sobre los guardaTiempo le faltará al lector para presentaros su libro cantones de la carretera, discurren el modo de acabar y daros una conferencia á propósito de Galdós, de le pasar la noche. Entonces se dirigen á un ventorro, Tolstoi ó de otro cualquiera de sus autores favoritos. á despertar al ¿zo Cazueto para que les guise cua qiiier Huyan, huyan usteues de todos estos tipos, y huí. osa con la que beber vino, ó enganchan una tartana y se van á la del Chorro á comerse una sandía á la i; iz de la luna. Puntales y sus amigos gozan fama de corridos en toda la coloma, y los deaiás veraneantes piensan de el os, allá para sus adentros: Cuando esto hacen aquí, menuda vida deben llevar en Madrid estos socios... ¡Por regla general, no hay nada de lo pensado, y los t áX í s, plintos son unos infelices que se entretienen con estas pequeñas audacias veraniegas. Y menos mal que, tanto D. Facundo como Luisito, aunque á dift rentes horas, gozan del campo por el campo mismo. Pero lo terrible es lo que hace don ITomobono, rico propietario, que se empeña en hacerl o s gozar en el campo de todo lo que ya estamos hartos de habar gozado en la corte. D. rionjobono viaja acompañado de su fonógrafo, de bUS gemelos prismáticos 3 de su máquina folográfica. En cuanto llega á su hotelito veraniego, instala el gramófono en una mesa. y larga todo el repertorio c- e ópera impreso en los malditos discos de ebonita. Nunca me ha sido agradable este chisme que Edifon inventó en mal hora; pero en medio de la placi Iez campestre, y á eso de las tres de la tarde, produce tan extraño efecto oír á Titta Ruffo cantando Rigoleí. ío como el que causaría en el Real la aparición de una reata de burros cargados de leña. Cada cosa es para su lugar oportuno, y no armonizan muy bien la grandiosidad de las montañas con la ruindad de unas coplas metálicas cantadas por el Mochuelo en tan antipático aparato. ¡Y que no se pone pelma D. Homobono con sus cilindros... Pues, ¿y con sus gemelos... -Mire usted hacia aquellos pinares... Ahora mire yan también del que, dándoselas de psicólogo, los obusted los pueblos del llano... ¡Se ven quince justos... serva atentamente. Porque también el observador es un tipo que se las ¿Quiere usted ver Madrid desae aquí... Y yo casi nunca veo nada con esos anteojos prisma- trae, como diría Euisito Puntales. Y ¡basta de tipos! í icos. cuyo enfoque es más difícil de aprender que el Lui 3 DE TAPIA. álgebra superior. DIBUJOS DE SA- CHA