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SAN JUAN BillTlSTA y el del segundo, á la circunstancia de nacer con una manecita asida al pie de su hermano, como si en el cUuistro materno hubiera luchado con él para nacer el primero. Sabida es la estratagema tle (jue Rebeca se valió) para que el anciano Isaac diera su bendición á su predilecto Jacob, creyendo que se trataba de Ivsaú, a ¡tocar las pieles de cabrito que cubrían las manos y el cuello de su hijo menor. Xo menciona la Kscritura la época de la muerte de Rebeca, p- ro se supone que precedió á la de Abraliam, porque los sagrados textos dicen cjue éste fué sepultado con su mujer Rebeca. Jlace notar D. Pedro de Madrazo que Muriilo fué acaso el único gran pintor del siglo XVII de quien no poseyeron obra alguna los dos viUimos monarcas de la casa de Austria, tan aficionados á aumentar sus ricas colecciones de pinturas; pero el fundador de la dinastía de Borbón indemnizó á su nombre de tan injusto descuido, y la segunda muier de Felipe V, Isabel de Farnesio, se mostró tan solícita apreciadora del g an pintor sevillano, que ¡legó á reunir, en su palacio de San Ildefonso, más de 20 cuadros iin) ortatites de Muriilo. liste cuadro de liebeca v PJliezeriwé pintado en Sevilla, y cuando Felijje V estuvo con su esposa en esta ciudad, le trajeron á la Corte. Figui ó en la colección de doña Isabel de Farnesio en ei palacio de San Ildefonso, y después, como de la misma procedencia y en el mismo lugar, en la de Carlos II I. Tiene 1,7 metros de alto por 1,51 de ancho este lienzo, considerado por los críticos como de transición al mejor estilo del autor, CARLOS L U I S DE CUENCA.