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ESCENAS 1 JN MONARCA BIEN PARisigN Este Monarca es el Rey Leopoldo. Nadie sabía que estuviera en París; los periódicos no han anunciado su llegada como otras veces, pero la población dominguera que se desparramó esta tarde por las praderas de Saint Cloud renonoció inmediatamente al viejo Rey que, ni más ni menos que un burgués parisiense, se paseaba tomando el sol. El rey Leopoldo, dícese que pierde popularidad en su reino, á pesar de los inmensos beneficios que lia prestado á su país; pero puede consolarse al ver el entusiasmo con que IParís le aclama cuando le ve. Quién sabe si será por esta razón por la que el rey de los belgas, tan pronto como puede disponer de cuarenta y ocho horas, salva rápidamente la distancia que separa su palacio de Bruselas de las habitaciones que PARISIENSES ha valido á madame de Vanghan un título de baronesa, un palacio en las inmediaciones de París y... uní heredero. Los enemigos delRey Leopoldo nohan perdonado medio ni ocasión para molestarle y ponerle, en ridículo. El pueblo parisiense, en cambio, le defiende... ¿Qué: hace, después de todo, este Monaica correcto y bien educado? Ha engrandecido su país, le ha regalado un vasto imperio colonial, ha protegido la industria, las. artes, el comercio, y, además, le queda tiempo para divertirse... ¡Hace bien... Cuando en una discusión de la Cámara reprochaban ájaurés, el leader socialista, su amor al lujo, á las comodiciades, á la buena vida, el elocuente orador contestó: ¡Qué diantre! iNosotros no somos ascetas! Pues si los socialistas no son ascetas y quieren gozar de la vida, ¿por qué siempre tiene dispuestas en el hotel Bristol. Llega á París, pasea por el bulevar, va a l a s carreras de caballos, presencia desde un palco el último éxito, y cuando le avisan que hay que celebrar un Consejo de ministros ó asistir á una ceremonia importante, se mete en el tren y regresa á Bélgica, comoun buen empleado que va á la oficina á cumplir con sus deberes. ¿Por qué huye de sus Estados? Probablemente le han asqueado un poco las violentas campañas que la Prensa belga ha hecho á propósito de los asuntos del Congo. Hubo mucha gente que creyó que el Congo sería una mina inagotable, formáronse sociedades de todo género, el mundo de los negocios inventó millones para ferrocarriles y explotaciones diversas, pero la mayor parte de estas empresas murieron en flor. ¿Quién tenía la culpa de esto? La Prensa no dudó un solo instante: el Rey. Y al Rey hicieron todos responsable, no sólo de lo que en el Congo se hacía, sino de lo que en el mundo entero se especulaba á propósito del Congo. Salió á relucir su vida privada, sus visitas al foyer del baile de la Opera, sus relaciones con actrices y bailarinas, sus viajes á París, sus jugadas de Bolsa, todo, Hasta ese último capricho senil que vamos á censurar á ciertos Monarcas que no sean tampoco partidarios del ascetismo? El Rey Leopoldo viene á París cuando le da la gana, se va cuando le parece, no molesta, ni interrumpe, ni moviliza la policía, ni se presta á las ceremonias ni á la. pai ade... Es un huésped agradable, el más agradable quizá para la República, y se le ve frecuentemente atravesar los bulevares, arrastrando los pies, resplandeciente la espléndida barba blanca y asestando el 7i zorwc ¿e Sobx las muchachas bonitas que á su lado pasan sonriendo... Cuando esta tarde apareció en Saint Cloud la figura familiar del Rey de las belgas, todos se descubrían á su paso y cada saludo iba acompañado de una sonrisa. Un obrero q u e se disponía á desenvolver la merienda se quitó la gorra respetuosamente, y contemplando luego al Rey que se alejaba, exclamó: ¿Le veis? Es un Rey comme ilfaut... Ni presume ni está en Rey á todas horas... Es algo de lo que debía ser nuestro Luis Felipe. ¡No le falta más que el paraguas! Naturalmente, el obrero parisiense sabe la historia, de su país. JOSÉ JUAN CADENAS.