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iSTo lo hubieran l giado rescatar, sin embargo, de no haber mediado en su favor toda la prolección que el pontífice León X dispensaba á Palerrao, y en especial á su convento dello Spásimo. En el año 1651, el rey de España Felipe IV, tan amante de las bellas artes, consiguió traer á España este famoso cuadro. Refiere Madrazo que el P. D. Clemente Stavopcli, abad del Monasterio palermitano, vino á Madrid en dicho año y presentó al rey la insigne tabla con el beneplácito del P. D. Ángel María Torelli, general de su orden, y con licencia y recomendación á Felipe IV del cardenal César Faqueneti, protector por la Santa Sede de la misma orden. El monarca español les recibió con suma sat sfacción y reconocnniento, según consta d su Real decreto, dado en Madrid á 22 de Octubre de 1651. dirigido á su Consejo de Estado para que se contestase ron ratíhid y en buena jornia á las cartas recibidas del general de la Orden y del cardenal. El rey dispuso se colocara el cuadro en la capilla del real aicá ar de Madrid, y allí continuó durante los reinados de Carlos II y de Felipe V, iiasta que en el año i734 ocurrió el incendio del alcázar. Tampoco aban ionó al cuadro de Rafael su buena estrella en este siniestro, pues fué salvado- lelas brutas y trasladado al palacio del Retiiv. t A VIRGRPÍ DE LA ROSH En el reinado de Carlos III fué llevado al palacio nuevo, donde decoró el cuarto del infante D. Javier hasta que en la guerra de la Independencia se lo llevaron los franceses á París. A consecuencia del tratado de 1815, volvió el cuadro á España en 1819, y en Francia se practicó una delicada y esmeradísima operación para salvarle de la ruina que le amenazaba. Fué preciso trasladarle de la tabla al lienzo, y así se hizo con exquisito cuidado, bajo la sabia dirección del profesor Bonne Maison. A pesar de ser éste uno de los cuadros que menos dttdas puede ofrecer sobre la autenticidad de su autor, el sabio crítico alemán Kugler creyó ver en él la mano de Van Orley. La extraña duda de este in. signe doctor la explica Passavant advirtiendo que el crítico alemán no llegó á ver el cuadro original y sus obervaciones las hizo sobre una copia hecha del mismo por el pintor prusiano Schlesingaer que alteró el color del original para darle, segiín él, mayor vigor y restituirle de esta suerte su entonación primitiva. Del famoso pintor de las Madonas, pul licamos además en negro la Sagrada familia, conocida con el nombre del lagarto; la Virgen 11 mada de la Rosa y otra sagrada familia, que es uno de los cuadros que más han llamado la atención en el Museo del Prado. SACRA FAIVilLIA CONOCIDA POR LA PERLA CARLOS LUIS DE C U E N C A