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LOS DÍAS PASADOS... 1 A embajada marroquí ha sido amenidad y distrac ción de los Madriles estos días. Alá nos la ha deparado buena á marroquíes y madrileños, porque los buenos señores representantes del Poseedor de las riendas de la nación jerifiana moghrebí como dijeron en su discurso de presentación, no pudieron caer ¡La Prensa... esa palanca! etc. Hace ocho años organizó una de sus corridas, y expuso los toros en el Hipódromo. Algún reparo opusoel gobernador. ¿Y si se escapa un toro? -decía. -No se escapará; pero si se escapase, ¿quién se lo va á contar al público... f S. B. se dio por convencido. -C o n la salud pública andamos á trancas y barrancas. Cada número del Boletín de estadística demográfica nos da un disgunto men sual; cada número del SJSIO Médico, una d e s a z ó n semanal. El tiempo está fresco; pero si no lo estuviera sería lo mismo. De 600.000 habitantes nos hemos vacunado ó revacunado 30.000. Los demás... atestiguando la mayor frescura. Como puede verse. De diversiones no anda mal Madrid. Al menos en los carteles anunciadores. Teatros, propiamente d i c h o s cinco; media docena de salones y otros tantos espec táculos al aire libre. Éxitos grandes, Dios los dé. El lunes se estrenó en Apolo Las Mías de Mar ¿e, ohra que debió estrenarse al siguiente día, que era martes, y además 13; y así, llamándose Las hijas deVMartes 13, hubiera correspondido al éxito que obtuvo del público. ¡Un derroche de tacones! ir en la corte á peor hora: cuando coceaba, sin hacer caso de las riendas, el indómito potro del Rif. Pero hemos sido respetuosos y corteses. I a recepción en Palacio fué solemne. A los enviados, según buenas noticias, les gustó el acto. ¡Lástima que no les guste tanto el acta! Iva de Algeciras, se entiende. El mismo día que presentaron sus credeiciales los marroquíes, presentaron sus coletas los mejicanos, dos chicos de allende el Atlántico. Se metieron á- toireros. SI público se metió con ellos despiadadamente. Y es que la afición taurina siente tanta hambre de diestros nuevos que brillen, que en cuanto se anuncia la aparición de uno, va á verle coa la esperanza de descubrir una estrella. El astro resulta luego una lámpara incandescente de cinco bujías, como aquella ante la cual un escritor festivo exclamaba indignado: ¡Esos no son filamentos luminosos! ¡Esos son fideos amarillos! El crimen que conmovió á Madrid el pasado domingo fué sangrienta y misteriosa flor de un día. A las veinticuatro horas era preso el presunto asesino. ¡Y poco que se habrán reído de él aquel Juan Herrero, todavía libre, matador de una mujer hace un año, y aquel homicida de hace dos que asesinó á Vicenta Verdier y sigue en el misterio á estas fechas! Eas Cármenes han celebrado sus días. ¡Felicidades! que todos los santos tienen infraoctava. De verbenas hubiera sido lucida la de la Asociación de la Prensa en el Recreo de la Castellana, de no haberse suspendido por lo desapacible del tiempo. Pero se celebrará y será lucida. Dirán ustedes que bien les saca los cuartos la Asociación. ¡Puede! Pero convengan en que también les divierte de lo lindo. Decir función de la Prensa, es decir buena corrida de toros, admirable velada en el Real, superior baile de máscaras, brillante verbena. Heñios pasado la mitad dé Julio, y la verdad es que el calor no ha apretado. Si d e c i m o s que algunas de las noches pasadas sentiiuof frío, tampoco se reirá el diablo de la mentira. Además esas amabilidades de la temperatura son positivamente un bien. Un sabio americano acaba de pregonarungran descubrimiento: el de prolongarla vida. Con hacer d e s c e n d e r un grado el calor del cuerpo ¡unos Matusalenes! L a temperatura ordinaria, como se sabe, es de 36 grados. Si conseguimos tenerla de 35 cumpliremos ciento cincuenta años de vida. Al sabio en cuestión se le ha olvidado un pequeño detalle, complemento de su invención: la manera de conseguir una temperatura más baja de la normal. Como no sea leyendo, esas, cosas que se les ocurren á los norteamericanos y que le dejan á uno helado... ANGEI M C A S T E L L