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ELTEATRQirai DE LC 5 C l 1 os viejos y no pocos de los que presumen de j ó v e nes alardean de su amor á la infancia; pero, desgraciadamente, no siempre los pobres niños resultan favorecidos por esos amores. Poco se ha hecho comparado con lo que debiera realizarse en el sentido higiénico, pedagógico y educativo. En lo único que se progresa relativamente es en el capítulo de las diversiones; los bazares exhiben juguetes hermosísimos y costosos que sirven de entretenimiento á los mayores. Cuando funcionan los teatros de fantoches, buen olpe de público pertenece a l a s personas formales, las cuales suelen ir acompañadas, ¡oh pudor de la edad! con algún chiquillo. Con motivo de la fundación ó refundición del teatro Español, se habla de crear un teatro para los niños. Recordando que no hace muchos años existió JBP A i j K J t coliseo familiar, al socio industrial como si dijerapreguntas que le hice, me recordó su hogar, sus padres amantísimos, pero severos. Reinaba en aquella casa un orden admirable en todo. L, os muchachos tenían su sala de juego independiente y espaciosa. En ella fundaron su teatro. Sobre las patas de una mesa pequeña vuelta del revés sujetaron con tornillos una tabla de 54 centímetros de larga por 58 de fondo, en l a cual un carpintero, bajo la dirección del pequeño alrezzrsta, abrió seis trampillas de corredera y un escotillón. Compraron en la famosa casa del alemán establecida en la calle de la Montera, un teatrito con magiiifica embocadura, y utilizando ésta y substituyendo el telón de tela por otro de terciopelo granate con flecosde oro, procedieron á la adquisición de los personajes, aparte de los que vendieron con el juguete, que eran preciosos. Compraron muñequillos de ocho centímetros de altura, con cabeza y extremidades de porcelana y cuerpo de trapo, y la bondadosa madre se encargó de confeccionar el vestuario de los primeros actores. A los comparsas se les ataviaba con túnicas que fácilmecte podían cambiarse. Con unas peanitas de plomo provistas de un pincho en el cual se clavaba el cuerpo del muñeco y un alambre largo en el extremo de la peana se mairtenían erguidas las figurillas, que adquirían vida singular movidas hábilmente por el director de escena, en tanto que el aulor declamaba todos los papeles, fingiendo las distintas voces y recitando admirablemente Iosversos. Y aquí entra la parte más interesante. El instinto artístico del niño le indujo á poner en escena obras deLope de Rueda, Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Alarcón, Rojas, Moreto, no refundidas; Shakespeare, Víctor Hugo, García Cutiérrez, Hartzenbusch, Zorrilla, el duque de Rivas, SÍT contar divertidas obras de magia, como La redoma encantada- con todo el lujo de detalles que su interesante argumento requiere, como transformaciones, mutaciones de trajes, cambio de luces, bengalas de apoteosis, fuentes con agua natural, ramaje auténtico cuaudo lo exigía la acción, etc. etc. Entonces no había luz eléctrica, y era preciso aguzar el ingenio para producir efectos sin peligro de incendio. Cuatro años largos duró la temporada. El pequeño autor contaba doce años cuando escribió una adaptación nada menos que de Nuestra Señora de París, poniendojen escena Autos Sacramentales, de Calderón; El mejor alcalde, el Rey, de Lope; El rey Lear, de Shakespeare y casi todo el teatro de Zorrilla. El público era devotísimo y asiduo; lo componían niños amigos, personas de intimidad de la familia, vecivnos y los criados, que constituían la claque, entusiasta y fervorosa. Presidía las representaciones la amoros- at madre que, andando el tiempo, había de asistir á los triunfos de su Benjamín en el teatro de verdad. Suspendiéronse las representaciones por orden superior. El padre, ilustre médico, empezó á preocuparse al notar la. pertinaz ronquera que aquejaba á su hijo menor, después de una sucesión de éxitos; además, era preciso no descuidar los estudios de los dos muchacños, y el famoso teatrito fué cedido solemnemente á una familia amiga. ¿Qué habrá sido de él? Difícil es averiguarlo. Pero lo que sí puede afirmarse es que el precioso juguetillo sirvió de artística incubadora a u n genio admirado en la actualidad, revelándose muy temprano de este modo su vocación. Bien hace en pedir ua teatro para niños... donde puedan ir los grandes también Hay que educar la sensibilidad, el buen gusto, los nobles sentimientos desde los primeros tiempos de la vida. A tan felices circunstancias debemos indudablemente que el pequeño actor de ocho años haya llegado á convertirse en el insigne y admirado autor dramático J. cixTO BEX. WENTI; E L DOCTOR F A U S T O