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ESCENAS AS CONFERENCIAS DE Y V E T T E GUILBERT PARISIENSES Yvette Guilbert, en su larga vida de bastidores, ha vistolo desgraciadas que son las artistas del montón, esas infelices que, arrastradas por la vocación, se presentan en las tablas y ven pasar los meses y los años sin tropezar con el éxito definitivo. Estas pobres muchachas no ganan apenas nada, tienen que presentarse bien vestidas, necesitan comprar repertorio, tomar lecciones, etc. etc... ¿Cómo pagar todo esto? Y las desventuradas, por muy firme que sea su voluntad, por mucho que se resistan, un día hacen el sacrificio de la virtud para poder comprar un vestido nuevo. I, a caritativa Yvette quiere salvar á esas criatur. s, y ha organizado el Guardarropa de las arlistas pokcs, una institución que se encarga de facilitar á las debutantes que lo necesiten trajes y accesorios elegantes para que hagan buena figura en el teatro. Y á fin de allegar recursos y sostener la benéfica obra, Yveite Guilbert celebra conferencias, da maíÍ 7i íes en ios teatros aristocráticos y pone á contribución á grandes y chicos. Porque el talento es cosa que conviene para una artista, pero reconoceréis conmigo que no es indispensable. La actriz, comola cantante, deben cuidar, sobre todo, de tener un guardarropa bien surtido, pues si un director ve entrar en su despacho á una mujsr mal vestida, puede darse por seguro que no la contratará. L, as muchachas que se dedican al teatro saben esto, y, por lo mismo, se apresuran á salvar el pequeño obstáculo de las conveniencias y sacrifican su reputación para llenar el guardarropa y penetrar en los santuarios de la rué tle la Paix. Yvette Guilbert se ha entiegado en cuerpo y alma á su benéfica obra, y en cada conferencia que celebra nos repite la larga exposición de sus propósitos, y hace un llamamiento á la caridad de las damas aristocráticas. Pero no sé por qué sospecho que el Guardarropa de las arlistas pobres VLO va á prosperar. Las muchachas virtuosas, por regla general, no se dedican al teatro, aunque haya ciertamente alguna que otra excepción. Y estas excepciones no saben resistir mucho tiempo las esplendideces de un millonario que amuebla un hotel en doce horas y coloca un automóvil á la j) uerta. No... Las chicas virtuosas que quieren terlo no se meten en el teatro. Las artistas, en la actualidad, rivalizan en ostentación y lujo; ellas son ¡as jue lanzau las modas, elUs las que imponen una toilelte, y en París el públic va á ver cómo salen vestidas, no á entusiasmarse ante su arte. Son mujeres que ganan por término medi. j ocho ó diez mil francos al año, cuenta mil en modista. ¿Va á ofrectr Yvette Guilbert á estas señoras los servicios de su benéfica institución? ¿Cree la genial cantatriz que las convencerá para que vistan un traje usado ya por otra dama? Además, el público paga caro el teatro, y quiere ver en la escena lujo, suntuosidad y riqueza... El suelto de Yvette Guilbert sería, sin duda, organizar un programa donde sólo figuraran muchachas honestas, educandas de colegio inocentes y sencillas, que cantaran canciones limpitas y no levantasen los ojos del suelo. Y el público entonces, mejor que pagar diez francos por una butaca para presenciar espectáculo semejan te, preferiría irse á las Cuarenta Horas. No... La benéfica institución creada por Yvette Guilbert no prosperará... Su idea es geneios; i, peí o en París las mujeres no transigen en estas cuestiones de indumentaria, y en vano se de; g ñita dando con ferencias 5 cantando sus viejys cauciones sentimentales. El Guardan opa ele las artistas pobres acabará el día menos pensado por convertirse en una prendería... JOSÉ JUAN CADENAS. La famosa cupletista es en la actualidad una señora de su casa, que posee un hotel y varios millones para darse buena vida. Todos los, años organiza una pequeña excursión de dos meses por Austria y Alemania, recorre unos cuantos teatros, repite el viejo repertorio y cobra sus mil francos v w -tm h 4 J 1 í á. wwelMl i MADAME YVETTE GUILBERT por noche. Después regresa á París, y... hasta el año siguiente. En París no se contrata en ningún teatro; pero como n o puede vivir sin el teatro, ahora ha inventado unas conferencias artísticas, cuyos productos dedica á un objeto benéfico.