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Ben Mu ay. Aquí no, porque c iii to los los teatros de género chico están cerrados; pero no desesoeremos de verle en la próxima temporada de otoño, Y eso aso será todo lo que de su visita saquemos: chistes. A estas fechas sólo se sabe que á Ben Muar le ha producido la villa excelente impresión. Al ver el sinnúmero de pobres que circulan por nuestras calles se ha creído transportado á alguno de los aduares de su tierra. Eso sí, ha confesado que allende el Estrecho no nos ganan á mendicidad. Se ha hablado de llevar á la embajada á que tre manos, pirque se exponen usté les á quedarse sin enterrar. A varios fieles difuntos les ha ocurrido eso la pasada semana. Ignoraban, sin duda, la existencia del conflicto y se murieron á su hora, pero luego tuvieron que esperar más tiempo del conveniente porque no había coches. Ya saben ustedes lo desagradable que es ir á hacer un viaje y tener que esperar á otro tren porque no hay asientos y porque no hay material para agregar al convoy. Por otra parte, ¿no les parece á ustedes que sería un espectáculo poco grato ver á los muertos por ahí declarados en huelaia forzosa? No le extrañe al lector que los periódicos se hayan ocupado diariamente de esa cuestión de los entierros. Fuera de lo respetable que es la muerte de un ciudadano y la trascendencia que tiene su última hora, los buenos periodistas saben que en la redacción de uu diario el deber de los deberes es cuidar, ante todo y sobre todo, la última hora. vea una corrida. Pero se ha desistido, ¿Qué iba á aprender en el espectáculo... A dar largas no seria... En las últimas corridas hubo coi iiadas para MacJnqmto. para Gaona, para Mofeno de Alcalá, para Vicente Pastor y para labernento. En San Fernando hubo el domingo una novillada muy mala, y algunos espectadores no ercontraron mejor medio de arreglarla que enredarse en la calle á puñaladas y á palos. De modo que la sangre que no corrió dentro de la plaza, corrió fuera. Un contendiente clavó á otro una banderilla, no se sabe si al cuarteo ó al sesgo. Los que entraron á matar lo hicieron á volapié. La presidencia, acertada. Ea fiesta taurina con tales cosas va poniéndose en el estado de aquel batu- rro enfermo á quien otro que le visitaba le decía: -Se agoniza, ¿eh? Y á, propósito de agonía. Hagan ustedes el favor de no entrar en la suya mientras las empresas de pompas fúnebres no arreglen esos litigios que traen en- Eos Jardines del Retiro van animándose. Ea gente comprende que allí hay fresco sano. Eas jóvenes elegantes se convencen de que bajo los arcos voltai eos, lucen mucho sus trajes de lienzo de color liso y estrepitoso que ahora se llevan y que tienen un; ventaja positiva: son baratitos, pueden lavarse, pueden teñirse, pueden volverse. Bajo sus bordes de ningún vuelo, lucen más los diminutos pies, calzados, según los ixltimos cánones, con zapatos Euis XV... Esta innovación de la moda ha sido bien acogida. En un concurso femenino celebrado en París para premiar el pie más pequeño al cual, naturalmente, han env i a d o su zapato todas las Cenicientas que suenan con hallar un príncipe como el del conocido cuento, y en el cual concurso se ha comprobado que artistas tan conocidas como Margarita Deval calzaba el 32; Ellen Andrée, el 34; Blanca Toutain y Susana Déspres, ei 35, y Juana Granier y Ana Judie, el 36, ha habido también una protesta de una joven y bella y elegante señorita que ha dicho: Muy bien que el zapato Luis XV substituya al afrentoso zapato de forma americana. Así luciremos los pies; pero que al dejar de ocultar los pies sigamos ocultando la cabeza bajo cosa tan informe como un sombrero campana... es sencillamente irresistible! ÁNGEL M C A S T E L L