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S LOS DÍAS PASADOS... I A Tierra se ha propuesto amargarnos el verano. Debía haberse dado por contenta, ¡qué diantre! con habernos amargado el invierno. Tembló entonces en Italia, produciendo desgracias inmensas, y tiembla ahora de nuevo en Italia, én Francia, en Portugal y en nuestras provincias le antinas. Iva preocupación nos hace entablar frecuentes monólogos con nuestro planeta y cantarle aquello del viejo Simóa en La íempesíad: ¿Por qué, por que iemhlar? Afirman los sabios que los animales, mejor informados que los hombres, pueden evitar los peligros de los terremotos. Recuerdan los eruditos que en 1835 todos los perros abandonaron la ciudad de Talcahuano, que fuédéstiuída poco después por ti n terremoto. Dos horas antes de una catástrofe semejante en al ciudad de Concepción, todas las aves marítimas abandonaron ellitoral. Un el Japón son los caballos los que predicen con su inquietud los temblores de tierra, y en Caracas los perros y los gatos. Como ven ustedes no puede decirse de ellos: ¡Qué animales! Si acaso tendremos que decírnoslo á nosotros; á nosotros, sí, por no saber tanto como ellos. ¡Qué animales! Objeto de las murmuraciones en los días pasados ha sido el desfalco que á un establecimiento de crédito de Madrid ha hecho víctima un empleado del mismo. Como casi siempre, ha habido faldas de por medio. El defraudador gastaba mucho dinero, sin que nadie se expliease de dónde salían tales misas, ¡y esto sí que ocurre siempre, pero no sirve de escarmiento! ü n tribunal francés, el de Mans, acaba de fallar un proceso semejante. El apoderado de una casa bancaria había distraído fondos de la caja que estaba bajo U custodia. Dio que sospechar, porque se permitía S lujos para los que no tenía sueldo ni fortuna. Preguntado sobre este particular, contestó con la mayor de las tranquilidades: ¿Por qué se me pregutita ahora? Si se me hubiese preguntado alprincipio, se me habría prendido antes, y el desfalco sería mucho menor. ¡E s un o -dicen los franceses. -jCa! Es un filósofo. O si se quiere ViX fresco. Por sí ó por no, la gente huye de la tierra adentro y se va hacia el mar, como si á Mesina le hubiese servido de algo el Mediterráneo. H a y que ver cómo salen de la estación del Norte los trenes expresos para San Sebastián, para Santander, para Galicia. Ya sé que no es éste el lenguaje que há hecho corriente la gente distinguida siguiendo el método de abreviatura que ha adoptado la que no lo es, y que así como ésta llama la Cnmi á la Comisaría, el a? ie al cinematógrafo, la delega á la delegación, etc. lo distinguido ahora es decir que se va á veranear á SanSebas, á La Coru, al Sardi... Aunque esto más que hablar en estilo sintético como 1 s, franceses, que al automóvil, v. gr. le llaman íauto, es manejar el timo, en lo cual tampoco hay de nuevo nada. Oigan ustedes á la juventud dorada darse cita, por ejemplo, ¡en la cal- caíá, y á ver si comprenden ustedes de primera intención que la cálcala es la calle de Alcalá! ¿Qué se ha hecho de nuestra banda municipal? Toca en los nuevos Jardines del Retiro, pero no en los sitios públicos que se habían designado para alegrarla vida al vecindario que habita en lossitios más alegres de Madrid, como el paseo de Rosales, la plaza de I avapiés, la de Alegría, etc. Es verdad que hay sitios todavía más risueños. ¿Saben ustedes cuál es la calle más alegre de la corte? I, a de Jorge Juan, porque tiene... Ao? jotas. Desde ayer es con nosotros Ben Muar, enviado extraordinario de Su vacilante Majestad Muley Hyfid, emperador de los marroquíes que les vieue en gana prestarle suínisión. En París ya ¡e estarían cantando couplets en los que el vieiis pouponl se trocaría por