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pr- -nacTTic sación femenina, que no comentará la política mientras hace el servicio, como acostumbran los oficiales, muy simpáticos por otra parte. Esto pensamos nosotros, y eso pensarán también los berlineses, que acuden como moscas al nuevo establecimiento... ¡Se nos han adelantado! En la práctica, pero no en la idea. Porque hace ya muchos años que en Madrid se iba á establecer una de esas peluquerías modelos, sin que recordemos la causa que malogró el proyecto. p L vubLO DE LA Kn nuestro afán GOLONDRINA por Saberlo todo- -ño d e j a m o s en paz ni aun á los pájaros. ¿Qué necesidad tendremos de saber lo que vuela una golondrina, y para qué molestaremos su existencia? Sin embargo, debe ser útilísimo este conocimieuto, puesto que se persigue con asiduidad, desde hace algún tiempo, por hombres de ciencia y por aficionados. Uuo de éstos- -cuyo nombre sentimos deseo nocer- -se ha apoderado recientemente de una golondrina, se la ha llevado consigo á larga distancia y la ha soltado después para que buscara su nido, poniéni -oia una señal á fin de conocerla. De su experimento ha resultado que la golondrina recorrió 23 c kilómetros en una hora y siete minutos; es decir, 207 por hora... ¡Pobrecilla! MESA REVUELTA -Entonces su abuelo sería... -Negro. ¿Y su bisabuelo? -Mono. ¡Hombre! -Sí, señor, lo cual quiere decir que mi familia empezó por donde acaba la de usted. Así lo hizo el buen hombre para que no se dudara de su valor; pero en seguida cogió su adversario el bastón, y empezó á pegarle con él, diciéndole además: ¿No te dije que si soltabas el bastón ibas á ver lo que te pasaba? pRECOClDAD Elogiaba u n padre las gracias de su hijo con esa pesadez tan disculpable, aunque á veces molesta. -Apenas sabe hablar, y ya cuenta perfectamente- -decíale á un amigo. Y dirigiéndose al niño, le preguntó: -Dime, ¿cuántos pies tengo yo? -Cuatro- -contestó inocentemente la criatura. NA INDIGESTIÓN Un médico de pueblo fué 3 visitar á un bárbaro que sufría una terrible indigestión por haberse comido medio kilo de caracoles. ¡Pero hombre de Dios, á quién se J e ocurre! -díjole mientras le pulsaba. -Yo creo que no me han hecho daño los caracoles, sino las conchas- -contestó el paciente. u ANÉCDOTAS OEL MAL EL MbNOa- ¿Vienes conmigo á dar una vuelta? -Imposible. No me dejaría mi mujer. -Los maridos deberían tener alas. -De ningún modo; ya estaría yo metido en una jaula. l o s ELOGIOS Voltaire hizo un en tusiasta e l o g i o de Haller, el sabio botánico suizo, y poco después supo que éste hablaba muy mal de él, juzgando inmerecida su fama. ¡Es posible que los dos estenios equivocados! -c o n t e s t ó Voltaire á quien le trajo la noticia. P P R UNA QUEJA Ivamentábase en un café el célebre trágico francés íjekain de que se le hubiera reducido á la mitad la pensión de 12. eco libras que disfrutaba. ¡Cómo! -gritó un viejo oficial. ¡Es poco 6000 libras para un histrión, cuando un hombre como yo cobra infinitamente menos! ¿Y el derecho para deciriiie so no vale dinero? -contestó Eekain. Un retórico desconocido dijo una vez delante de Cicerón: ¡Ese hombre á quien su madre llevó nueve meses en sus entrañas... El gran orador romano, que odiaba los pleonasmos, le atajó diciendo: ¿Acaso las otras madres llevan sus hijos en un bolsillo? EN BROMA- ¿Piensas ya en el divorcio? ¡Hombre, todavía no! Disputaban d o s individuos, uno de ellos provisto de un fuerte bastón, y cuando ya iban á pegarse, le dijo el otro: ¡Suelta el palo si eres capaz, y verás lo que te pasa! 1 ONGEVID D Dijo Napoleón al car denal Belloy, arzobispo de París, viéndole tan fuerte y saludable á los noventa y seis años: ¡Ah, monseñor, viviréis cien años! ¿Y por qué queréis que no viva más que otros cuatro? -le contestó sonriendo el arzobispo. TRES CONTRA UNO Corvisart, el que fué médico predilecto de Napoleón, lamentaba en un corro de amigos la prema- CHISTES Y CARICATURAS p N LA OFICINA tjn caballero nece s i t a b a ver á un oficial de cierto ministerio, y fué á buscarle á su negociado. ¿Por quién pregunta usted? -le dijo el poitfcro. -Por don Fulano de Tal. -No ha venido. ¿Y a qué hora suele estar general Diente en la oficina? -Generalmente no suele estar- re puso el portero eon profundo conven cimiento. i (jO VALE S ÑALJR! Declaraba Un testigo en un juicio oral, y al preguntarle el presidente cómo empezó el hecho de autos, le dijo, encarándose con él: -El acusado oyó que el otro le decía: ¡Usted es un animal, usted es un imbécil, usted es un idiota! Reíase el público del quid pro quo, y, notándolo el presidente, dijo al declarante: -Diríjase usted á los señores jurados. GENEALOGÍA En una tertulia de café quiso un pollo, que se las daba de gracioso, burlarse de un americano recién presentado, y! dijo: ¿Qué era su padre de usted? -Mulato- -contestó con sequedad el americant. uN PLEONASMO A MENAZA CUMPLIDA