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L. B E R T O D A N O H U E R T A EN C Ó R D O B A es original el sistema, puesto que importantes Sociedades artísticas extranjeras lo tienen en sus reglamentos; pero es oportuno el plagio, y tan sólo me parece algo raquítico el modo de llevarlo á la práctica, ya que nuestro Círculo de Bellas Artes tiene fondos para haber lieclio los sorteos con alguna mayor amplitud, rascándose el bolsillo, como vulgarmente se dice. No hay cj ue pretender que el público sea el que pague con las entradas el cuadro rifado al artista elegido; es preciso añadir algo. ¿Nos entendemos? L, o esencial es proteger al artista, y después aficionar á las gentes á tener obras de arte en su casa, que Ho sólo de automóviles, escopetas y patines vive el hombre, sino antes al contrario, pues los cautos rifles y demás chismes de sport traen mil veces acarreada la muerte, y el arte, en cambio, es vida y sólo vida. ¿Que todo esto ya lo saben ustedes... Pues... á demostrarlo... ¡Vayan al pabellón del Círculo y compren por unas pesetas cualquiera de los lindos cuadriles allí expuestos! En nada se puede gastar mejor el dinero que en el recreo del espíritu. Y no crean ustedes que esto es un reclamo. Lo digo porque así lo siento y porque esta advertencia nunca debe faltar al tratarse de estas Exposiciones. ¡Antes faltaría el efecto de luna i ¿f- de Gómez Gil! Y entremos en materia; es decir, entremos en las salas del PEDRO SAENZ. UNA ANDALUZA P pala cío. Recorriéndolas todas á la ligera, y con ánimo de formar una impresión sintética, el Concurso produce el efecto de endeble. I os pintores no han acudido con obras de importancia y empuje. Son más bien notas agradables y decorativas, como destinadas á hogares burgueses y coquetones. En una Exposición de venta, como debe serlo la actual, en la que no se otorgan recompensas, tal fenómeno es lógico y está bien en- tendido. Nada más agradable que los paisajes de Avendaño, Lhardy, Borrell, García Martfnez, Bertodano, Hispaleto, Espinosa, Berruete y tantos otros, para meter en los interiores de nuestras viviendas el aire libre, el pleno sol, la frescura de la montaña ó los húmedos celajes de las regiones españolas. Nada tan decorativo y artístico para un íntimorincón de nuestro hogar como las elegantes y femeninas cabecitas, originales de Sáenz, I,I aneces y