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íXPcSiCior DEL GRCUL Í; los artistas que exponen sus obras en el actual Certamen van en arte au lejos como tiene que ir el público á contemplarlas, no hay duda de que liarán carrera. Pero ¡una gran carrera! Al demonio se le ocurre edificar un palacio para Exposiciones artísticas en las afueras de la población. Bointo público es el de Madrid para que le dificulten la llegada á estos tugares y á estos Concursos, por los que aún no siente afición n. inguna! Hoy por koy, es desgraciadamente necesario llevar eiigañaJa la gente hacia estas Exposiciones. Poi eso lo mejor es coiocárselas Í ÍO. Hay eme aprovechar los hábitos y costumbres de los elegantes y cogerlos por sorpresa á la vuelta de sus paseos ó en las calles por ellos fre. B- T ij í iB -v- ii.i. cuentadas con motivo de sus compras ó de sus visitas. Suponer VjJfVJ que miies de madriiehos van á deliberado f) ropósito ÍÍ Í Í en busca de emociones estéticas á los terrenos próximos á Atocha, I- ff es n o c o n o c e r nuestra pereza y falta de i n t e r é s por estas locuras de cuatro artistas chiflados. Parairal Cain, f Ijo- Grande del i f. Retiro, hay que ¿if, hacer inlericíón. y 5 dirigirseailífl hecho y con la sola idea de visitar la E x p o s i c i ó n de pintura, escultu- ra y grabado. Y digo con esa sola M, P E N UM SANCHO idea porque supoTier que lleven además los visitantes la de comprar algún cuadro, es soñar con fantásticas quimeras. Quedamos, pues, en que el lugar elegido para desarrollar el noble esfuerzo que supone la actual Exposición es poco asequible. Tan sólo á los alumnos de la Escuela de Caminos, ó á Ios- astrónomos del Observatorio les coge al paso. Y ni los futuros ingenieros están ahora para distraerse, ni en la Exposición hacen falta astrónomos. Para ver las estrellas se bastan los mismos expositores. y es lástima que la distancia y la falta de afición retraigan f 0 f? HERMOSO. EL ZAGAL ti. B. Jt- V I V. 5. r E AVSNDANO. PAISAJE DE LOS PIRINEO al público, porque yo les juro á ustedes que no cabe mayor mimo en la instalación del Certamen. Desde que se llega á la puerta de entrada del elegante palacete, todo respira elegancia y chic. Los ujieres, correctamente vestidos de frac, dan la impresión de severos criados que fuesen á introducirnos en alguna aristocrática ntansión. I os mismos catálogos que adquirimos al entrar, tienen todas las apariencias de lujosos carnets de baile. Parecen libritos destinados á que las bellas concurrentes apunten los valses y rigodones que tengan pedidos. Todo, en fin, es delicado, lujoso, limpio y pulido. En esto los organizadores han dado prueba de fino gusto, pues para entrar en la casa del Arte, toda elegancia hace bien y toda cortesía es poca. Otro acierto hay que señalar en este Concurso, y es el de establecer rifas de las obras entre los concurrentes á la Exposición. No