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ESCENAS PARISIENSES V t imam i í í A V 1 A RE! NA DEL BAILE E! pasado año disfrutó París de las representaciones de ópera rusa que el Zar quiso autorizar, porque los artistas que Nicolás II contrata en sus imperiales teatros, los quiere para él sólito. Este año, en vez de ópera rusa, tenemos baile ruso. Menos mal. De j v Goudonou, la ópera del pasado año, no nos enteramos poco ni muclio; pero del Ballet del Punce Ygor, que nos dan ahora, lo- omprendemos todo, porque está visto que no hay mejor volauk que una colección de pantorrillas bien formadas. ¡Y vaya si saben tratarse bien los grandes duques rusos! Estas bailarinas del teatro Imperial de San Peters: i! burgo, que con la autorización del Zar han venido á París, son unas señoras bailarinas que con eso de los trenzados, de ios fluí flan y los pas de hiire, hacen verdaderas locuras. A la estrella de líí tro 7i pe, á lia espiritual Ana Pauh. wa, la ¡acaban de consagrar en Berlín con el título de reina deí baile, y desde el Kaiser hasta el último oficial de la guardia no han faltado á una sola representación de las verificadas en Kroll. Ana Paulowa reverdece los laureles de la Camargo y de Lola Montes. Su público es un público Cit ciu jci a u u l cc i- tt j j i i i i u l p c- u c g i a u- des cuques y de altos dign; taiios. París se ha rendido al encanto de esta artista sin rival que cuando apaiece en la e. scena parece que no pone los pies en el suelo. Los parisienses se han dividido en dos bandos, y hay los partidarios del baile á la moderna- -llamémosle a. sí, -el baile que ejecutan Isadora Dunc a u y s u s discipulas, y los que prefieren á las clásicas bailarinasUe antaño: las de la malla, el liihi y la nube de tarlatana. El espectáculo no tiene nada de particular, pero el público parisino responde siempre á este género de novedades, y por eso el abono á las representaciones del Chatelet ha sido brillantísimo. Los bailables no son mejores ni peores que los que se representan en la Gran Opera; pero, en cambio, las bailarinas son mucho más lindas y tienen el encanto de lo desconocido. Cada una de estas muchachas ha tenido amores con un personaje de la corte imperial, conoce á los príncipes y dignatarios de San Petersburgo, y éste es ya motivo suficiente para que los buscadores de aventuras acudan por las noches al Chatelet y llenen de flores el escenario. El espectáculo, pues, se reduce á un desfile de muchachas bonitas, sobre las que triunfa la interesante belleza de Ana Paulowa, con sus vuelos de pájaro y sus saltos de gata. En el Pnnce V or, en Gisella y en Pachita, sus tres bailables favoritos, la pensionista del Zar hace milagros de agilidad. El título de reina del baile con que la agraciaron los berlineses, ha sido refrendado ahora en París por este públictj cosmopolita y snob que necesita coronar todos los dias á un nuevo artista. El pasado año se rindió a! poder formidable de la voz de Chaliapine, y este año se ha arrodillado ante lís diviras pantorrillas de Ana Paulowa. JOSÉ JUAN CADENAS.