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II j l I I Mil l i M K i I 1 I 1 ill I 1 I ll I i l Q aJ, la L, i j... cuaiidu Lo Aay vcluauod simpatía. Los fareros se tratan siempre de usted y con cierta solemne cortesía. No siempre son dos los que vigilan un faro. Yo s é del caso de la muerte súbita de un guardián. El superviviente permaneció cinco días entre la linterna, que vigiló doce horas, y el cadáver de su compañero. Sé de otro caso: el de un guardián que se volvió locO furioso. El compañero logró encerrarle en el cuartito DE CECA EN MECA que e. staba debajo del foco lumínico. El tiempo era borrascoso. El cuerdo permaneció dos días sin comer. Si la tempestad hubiera persistido, ó habría muerto LOS CAUTIVOS DEL MAR de hambre ó hubiera tenido que bajar del faro. ¿Qué decir de esos golpes de mar que desbaratan UÉ Vida puede compararse á la de un torrero? Me refiero á los guardianes de faros. En estos días la torre, sepultando al farero entre las olas? El sueldo de que disfrutan estos cautivos no llega de huelga universal, los fareros ¿qué piden? Casi nada: que se les permita retirarse á vivir en paz á lo. á 75 francos por mes. Necesitan poseer un sentido veinticinco años de servicio. No piden ni aumentj moral á toda prueba. Cumplen su deber, su peiioso deber, sin más testigos que la propia conciencia. Nade salario ni reducción de horas de labor. ¡Qué oficio tan duro, tan silenciosamente duro el die les vigila. Se parecen al sol y á la luna: cuando el uno se acuesta, el otro se levanta. de un vigía! Hasta ahora ni los novelistas ni los cAro 7i ¿guetírs han paraáo mientes en él. ¿Cómo han de Tienen que ser de fijo hombres sin imaginación, fijarse, si el torrero es un ser inaccesible? Guarda los naturalmente taciturnos, con algo de la paciencia continentes, es el centinela del mar, ó, mejor dicho, automática de la muía de noria. Yo no sé de ninguno que haya sido poeta, ni pintor, ni músico. Este régide la nocbe. Vive aislado del resto del mundo. Los men celular atrofia el cerebro. Los sometidos á él, ó hay que llevan diez y siete años de encierro en S se vuelven locos ó idiotas. atalaya en medio de las tempestades del Océano. El hombre es sociable por naturaleza. Condenarle Lector, ¿has subido alguna vez á un faro de esos que se yerguen ceñidos de rocas en medio del mar? al aislamiento y á la soledad, tanto monta como desDel bote se sube por una escala que da acceso á la pojarle de la inteligencia. El místico no vive aislado torre. Por dentro es un modelo de limpieza; el suelo, sino de lo que le rodea; interiormente vive en consde madera encerada; lo demás, cobre y cristal, relam- tante comunicación con el mundo suprasensible. ¿Se paguea impoluto. Al través de las troneras se domina concibe un torrero metafísico? Los que suspiran por vivir en sa íorre de mar í ¿nO la líquida inmensidad siempre inquieta. Al cabo de una hora de estar allí se siente como un principio de saben lo que se dicen. Yo les invitaría á pasar un HSfixia por falta de aire. Hay que hr. bituarse á aquella invierno en un faro de las costas de Bretaña. No hay que hacerles caso; los que más alardean de tmósfera enrarecida. De noche, el ruido de Ja mar llena la torre, simu- odiar la exhibición y el aplauso, suelen ser los que con ando aullidos é imprecaciones. Bajo la acción de la más ardor los desean. linterna que gira, el aire se calienta. El vigilante, lú ¡Qué poesía tan pegadiza irradian en la soledad de gubremente solo, los ojos adoloridos, cubiertos por negras antiparras, escucha la trágica sinfonía del la noche, á orillas del mar, las antenas giratorias de viento y del agua, mientras los vidrios multicolores un faro! Iluminan de pronto el caos de la noche. Fingen, sobre la esfera negra del mar, las agujas de un giran en torno suyo con delirante monotonía. Abajo, en el sótano de la torre, el oti o vigía duer- inmenso reloj. Unas veces la luz es amarilla, otras me entre el tumulto del oleaje. A veces estos re- veces es roja. La brisa marina, el rumor de las olas, la clusos se encuentran un momento en la escala supe- soledad nocturna, rota instantánea y efímeramente rior para cambiar una breve consigna. No se hablan. por los rayos del faro, producen una sensación de ¿Qué régimen penitenciario, por rígido que sea, reposo inefable. De cuando en cuando se oye el mupuede compararse con el de estos cautivos? Durante gido lejano de un buque invisible; á la luz del faro se el invierno estos infelices suelen pasar las de Caín. divisan en el horizonte diminutas barcas pescadoras. El panorama no puede ser más conmovedor, más Lo grueso de la mar impide á la chalupa- -que conrico de elementos ópticos. A quién se le ocurrt duce los víveres- -aproximarse á ¡a torre. acordarse de que toda esta mx i en scene qbedece á uii Están expuestos al hambre y á la sed. Por lo que toca á la psicología, el farero llega a pobre diablo, insomne y anóuimo, como esos tíos vivos inhibirse de tal inodo, que pierde toda impulsión. Dos que giran gracias al mísero jamelgo que les da vueltas marineros ó dos soldados pueden insultarse. D- escondido en la obscuridad? hRAY CANDIL. DIBUJO DE PALAO