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que maldicen y hasta arañan, Si hablan ustedes con un amigo les interrumpirán la conversación y les colocarán su discurso sin el pido la palabra de costumbre. Si van á tomar un coche cuenten con el impuesto del golfo que abre la portezuela, ó resígnense á llevarle de adorno en el estribo. Para orar en un templo entren ustedes por el campanario, mejor que por la puerta. Todavía no se han posesionado de las torres los mendigos... ¿Oue por qué hay tanta mendicidad que da á Madrid aspecto de villorrio? Pues es muy sencillo: porque no hay autoridades. Si las hubiera evitarían ese cuadro diario que ofrece la explotación de la miseria. Eso no quiere decir que no haya pobres. J os hay, si. Oigan ustedes á cualquier persona que venga de sitio de España ó del extranjero donde existan autoridades, y al observar el cuadro que ofrecen nuestras calles, les oirán exclamar; ¡Pobres vecinos de Madrid! Rita Sacchetto sigue siendo la niña mimada de la gente de buen gusto artístico. Después de exhibirse con sus danzas ideales en palacios regios y en el de la embajada de Alemania, lia continuado su trabajo en el escenario de la Zarzuela. Sin embargo, la labor de Rita Sacchetto es más de salón, donde su distinción, su gesto, su arte y hasta su belleza, puedan observarse de cerca, y donde un cuarteto, un sexteto, verdadera mímica di cámara, acompañe sus danzas con más justeza y más carácter que la orquesta de la Zarzuela; numerosa, eso sí, pero mal avenida. Por lo mismo que el público de este teatro está acostumbrado á los garrotines de Paz Calzado, esa niña bailadora, que tan en contradicción tiene su nombre con su cuerpo, el éxito de la Sacchetto es más satisfactorio. pero con eso de la charanga confirman que se han propuesto hacer ruido. ¡Y lo que es ahora lo consiguen! Triste actualidad ha sido estos días la vista ante los tribunales de dos procesos: uno, seguido á seis acusados de iiaber asesinado, para robarle, á un matrimonio de Cabanillas, y otro, á dos mujeres, por haber dado muerte á una niña de corta edad, liija legítima de una de ellas. En el juicio del primero de estos procesos han comparecido acusadas tres mujeres. Por rara coincidencia la mujer asesinada en Cabanillas se llamaba Eeona, y ninguna de las tres criminales ni de las otras dos que mataron á la niña se llamaba asi. y, sin embargo, ¡qué más leonas! De salud pública andamos medianamente. La viruela se ha extendido. Hay que vacunarse. Es obligatorio por Real orden, como lo es el tomar cédula perso- dicho sea sin menoscabo del mérito de aquella joven danzarina, á quien el público c uiere y admira, aunque viéndola sacudir sus pies contra las tablas, piensa que rñpaz ni calzado son posibles! A propósito de mujeres, de música, de calzado, pero no de paz, sino de guerra. I, as sufragistas de I ondres han organizado una banda. Eas ejecutantes se han uniformado con falda roja, blusa gris y unas botas altas, como para pisar fuerte. I, a banda de las irreductibles ha hecho J a su aparición en las calles de Londres, siendo admirada más por su marcialidad que por la afinación con que toca. i í o es la primera vez que las sufragistas desafinan. nal, y como precisamente estamos en el período de cobranza de este antipático impuesto, resulta, ¡oh suerte perra! que, por fas ó por nefas, ¡nos ha revacunado el Gobierno! ÁNGEL M. C A S T E L L