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Sf de un lazo, si con estos aditamentos creen ellas que están más lindas. Recientemente, el prefecto de policía de Sofía hizo un viaje á París, y asustado del lujo creciente de las toilettes femeninas, cuando regresó á la capital de Bulgaria lanzó un bando prohibiendo que las damas vistieran trajes de exagerada elegancia, j- avisando, al propio tiempOj que daba orden á la policía para que en el acto detuvieran á cuantas señoras contravinieran lo dispuesto. No creáis que esto es un infundio... ¡Es rigurosamente histórico! Y si alguien lo duda puede preguntar á dos ó tres señoras, esposas de diplomáticos extranje- ros residentes en Sofía, que se vieron conducidas á la cárcel por los esbirros del antiestético prefecto búlgaro. Las consecuencias son fáciles de suponer. Hubo las correspondientes reclamaciones diplomáticas, y el prefecto se vio precisado á derogar las disposiciones del bando, dejando á las damas en libertad para que se vistan como las dé la realísima gana. Vean ustedes por dónde! Bulgaria se civiliza giacias á nosotras exclamarán las elegantes de Sofía. Ya pueden todas las autoridade, s de la tierra pro- vamos á tener para rato, si Dios no lo remedia iluminando á algún modisto con una nueva idea que haga cambiar radicalmente la moda! Los berlineses, que son muy cachazudos y gentes de buen humor, en vez de protestar del tamaño de los nuevos sombreros, se limitan á reírse de ellos. Ahora mismo hay un fotógrafo en Berlín, al que se le ha ocurrido coger unos cuantos chismes inverisímiles y adornarlos con cintas, lazos y flores... ¡Y ahí tienen ustedes los resultados! Una banasta, un cesto de papeles, una bandeja de mimbres pueden convertirse en otros tantos sombreros primorosos á lo Vedova allegra. Las asas substituyen perfectamente las cintas Directoire y los adornos los cubren y disimulan tan bien que nadie diría que no son nuevos y atrevidos modelos que acaban de Ealir de las manos de madame Samson ó de madame Lewis. Ya en otra crónica decía yo que las mujeres concluirían por imitar las caricaturas. P r e p a r é m o n o s ahora á ver á alguna original elegante salir á la calle con una banasta auténtica en la cabeza... Banasta por banasta... JOSÉ JUAN C A D E N A S