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Entre todos los seres del aire, vosolros representáis la inteligencia, el bullicio, la gozosa vagabundez. Les otros pájaros padecen de una timidez invencible, y para sus aventuras escogen el ancho campo, las montañas, los obscuros bosques; pero vosotros no teméis á nadie, porque os seutís plenos de confianza y de inteligencia, y armados con vuestra invencible sagacidad desafiáis al mismo hombre en las mismas plazas de las ciudades Sois listos, sagaces, comprensivos. Sabéis conciliar vuestro salvajismo de vagabundos con las comodidades que ofrece la domesticidad. ¡Oh, gorriones, cautos gorriones! Sois astutos hasta el fin. Sois los amigos de! a civilización, pero no queréis unciros á su carro de esclavitud; os gusta la sociedad de los hombres, pero sin acercaros demasiado á ellos. Aceptáis complacientes los adelantos del progreso, y miráis con satisfacción los bellos paseos, los frondosos jardines que el hombre construye. Tampoco sois reacios á las innovacione. s, á las maravillas de la electricidad, á los hilos telefónicos; sobre los hilos del teléfono hacéis un punto de descanso en las errantes caminatas aéreas. Mientras allá dentro de los hilos van marchando los despachos telefónicos; mientras febrilmente corre la cotización de la Bolsa, el anuncio de una muerte, la cita fraudulenta de dos enamorados, vosotros, gorriones, ¡vosotros permanecéis cómodamente sentados sobre los hilos tomando el sol, sumiéndoos en olas de luz! ¡Oh sublimes pá jaros! En un rincón de la Judea un día se levantó á predicar el Nazareno, y ante sus sórdidos discípulos levantó el grito indignado, y exclamó; ¿Por qué atesoráis riquezas? ¿Porqué tenéis miedo a! mañana? ¿Por qué desconfiáis de la Providencia? j- No veis los pájaros del campo que no ate. SForan ni hacen acopio de mieses y, sin embargo, están vestidos y hartos? Cuando el Nazareno evocaba los pájaros del campo, se acordaba de vosotros, gorriones. Vosotros no atesoráis, porque el que atesora descubre su miedo, ¡y vosotros no sabéis qué cosa sea el miedo! No tenéis miedo al día de mañana, porque estáis henchidos de fe, y vuestra fe os dice que hay una providencia que Y al encoger la cabeza bajo el ala, en el momento de dormir, ninguna inquietud os perturba el sueño; es porque vuestra conciencia estálimpia y es porque ninguna especie de temblor os amaga. Sienten miedo el malvado, el cobarde, el ignorante, el rico, el poderoso; pero vosotros ignoráis la maldad, ignoráis, la cobardía, y ni las riquezas ni el mando si. gr. ficín nada para vosotros. Únicamente poseéis un tesoro: ese tesoro sois vosotros mismos, Dantro de vuestra cabecita está guardado el tesoro de vuestra sabiduría, y en las plumas de vuestras alas existe y vive la potencia de vuestra libertad; y escondiendo el tesoro de vuestra sagaz cabecita bajo la envoltura de vuestras libres alas, os encomendáis á la noche y al sueño. El crepúiculo se escapa lentamente; los faroles parpadean á lo largo de las calles; en el cielo ya no queda más que una remota y sutil palidez. Se cierra la noche obscura. ¡Cuan lleno de afanes ha sido el lar. go día! Entoiaces vosotros, bullangueros gorriones, calláis, y acurrucados, hechos un ovillo, teniendo por techo el espacio, os dormís. Yo conozco el árbol de aquel jardín, aquel árbol hermoso que os sirve de lecho. Yo conozco aquel árbol, puesto en el borde de la calle, en cuyas más altas ramas tenéis fundada vuestra comunidad. ¡Cuántas veces, en los fríos crepúsculos del invierno, me he detenido á mirar el árbol, y os he visto allá arriba durmiendo, y he sentido horror y pena por vuestro desamparo! No tenéis el calor y la molicie del nido. Os he visto desamparados, y he temblado por vosotros. Pero no, aunque el invierno os arrebató las hojas del árbol, cuando más necesarias eran; aunque os falte hasta el amparo de unas mezquinas hojas para cobijaros en el centro de la noche, ¡vosotros no os inmutáis! Sois bravos, sabéis aceptar la desgracia sin amilanaros. Aunque la lluvia os. azote, vosotros dormís impávidos. Ea noche cae con todas sus horribles asechanzas; acaso lloverá, tal vez nevará, quién sabe si á la madrugada el aire mismo será hielo. ¡No importa! Sois valerosos, sabéis ponerle cara estoica á la noche y al porvenir. ¡Sean bien sufridos todos los contratiempos, si á cambio de ellos se po- cuida de todas las aves del cielo y de todos los peces de la mar. No atesoráis para mañana, poique tenéis fe en vosotros mismos, porque así como en el día de hoy tuvisteis fuerza y ánimo para vencer las. diíiculíades, en el día de mañana no os faltarán tampoco ni la fuerza ni el ánimo... see la libertad! ¿Y qué fuerza tendrán el acaso, el p T venir, todas, las inminencias del día de mañana? Cuando uno se escuda en la fe, cuando se cree en sí mismo, ¿qué garras, qué espadas, qué fuego, qué fuerza, qué enemigo será bastante fuerte para vencernos? JOSÉ M. a SALAVERRIA. DIBUJ- S DE MÉNEFZ BHINGA