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NA NUEVA SECTA En París sehan RELIGIOSA reunido 50 ciudadanos, hombres en su mayoría, y han fundado una nueva secta religiosa, cuyo credo es la afirmación del próximo fin del mundo. Los afiliados tienen local propio, y en él se pronuncian sermones alusivos y se cantan himnos especiales. No tenemos más noticias de la nueva secta, pero desde luego nos parece un poco fuerte llamarla religiosa. Los 50 fundadores deben de ser gentes de buen humor que han encontrado una manera nueva de pasar el rato. fnESARLVUELTA jf -Sí, señor, sí... ¡no ve usted que tengo la mala costumbre de dormir con la boca abierta! -Pues entonces, lo único que tengo que recetarte es que te tragues un gato. -Sí, señor. Mi hermano mayor escribe la letra, mi hermano menoría pone en música, y yo la canto. ¡Faltaba un hermano! -contestó el mismo. ¿Para qué? -Para silbarles á ustedes. u ANÉCDOTAS n ASGO DE MODESTIA La reinaIsa beldé Inglaterra visitó al canciller Baun en su modesta casa de Herfort. ¡Esta es una casa muy pequeña para un hombre como usted es! -le dijo. ¡Señora! jLa culpa es de vuestra majestad, que me ha hecho demasiado grande para mi casa! -contestó el canciller. Q U A T R O CONTRA UNO Un tonto CHISTES Y CARICATURAS pLAZO INDEFINIDO Una j a m o n a no mal parecida, qtie se dedicaba á dar dinero á réditos, reclamó hace tiempo una cantidad a u n sujeto excesivamente tímido para el pago. ¿Cuándo va usted á pagarme? -le dijo un poco enfurecida. Y él, con sonrisa galante, la respondió: ¡Cuando cumpla usted los cuarenta años! Desde entonces no ha vuelto á molestarle EN EL CAFE- ¿Ha visto usted por aquí al señor de Miranda? -No lo puedo asegurar, porque conozco de vista al Sr. Miranda, pero de nombre no. N TRABAJADOR Un señor que se r e t i r a un poco tarde reprendió la otra noche á su criado porque siempre se queda dormido esperándole y le hace llamar dos ó. tres veces á la puerta. -Di? pense usted, señor- -le contestó el criado; -me duermo porque no me gusta estar sin hacer nada. presumía delante de Rivarol de conocer cuatro idiomas perfectamente. ¡Os felicito! -díjole el admirable escritor. -Así tendréis siempre cuatro palabras contra una idea. f J N ENGAÑADO El célebre a u t o r inglés Garrick te nía fama de ser un deudor que nunca se acordaba de sus deudas, u n a vez se dirigió á lord Chesterfield pidiéndole cincuenta libras esterlinas, con la promesa de devolvérselas en el plazo de un mes. El famoso político le prestó dicha cantidad que, con gran asombro de sü parte, recibió en la fecha prometida. Al poco tiempo, Garrich volvió á solicitarle otro préstamo, ufanándose de su cumplimiento anterior que le servía de garantía. -Estáis equivocado- -le dijo lord Chesterfield. -No volveré á prestaros nada... ¡A mí no se me engaña dos veces! 11 NA PROMESA D e s p u é s de las honras fúnebres por el alma de Lnis XVIII, celebradas en la iglesia de Saint- Denis de París el gran maestro de ceremonias M. de Dreux- Brére fué á dar cuenta del acto al Rey Carlos X. El Rey estaba enterado del desorden ocurrido en el templo, y pidió explicaciones á Dreux- Bfére, el cual, después de quitar importancia al suceso, añadi. ó: ¡Descuide vuestra majestad... En las próximas no ocurrirá lo mismo. ESPALDA! Talleyrand tenía tantas condecoraciones, que no hubiera podido ostentarlas todas á un tiempo si le fuese precise Un príncipe alemán le concedió una más, y alguien de su intimidad le dijo al saber la noticia: w EN EL TREN ¿Qué edad tienen estos niños? -Seis años. ¿Los dos? -Sí, son gemelos. -Madrileñitos, ¿eh? -No; el uno es de Madrid, y el otro, de Oviedo. En casa de un médico de pueblo se presentó un aldeano quejando, se de dolores de estómago. -Yo creo que me he tragado un ratón- -decía compungido, -porque siento como si se moviera dentro. ¡Hombre, hombre, un ratón! v j o ES MOLESTIA! Fué uuo de esos terribles habladores á visitar á cierto amigo suyo, á quien abrumó con un discurso interminable Como el amigo no le interrumpía ni le contestaba nada, díjole después de una pequeña pausa: -Tal vez te estoy molestando y distrayéndote de otros pensamientos. -No, no... Habla lo que quieras, porque no te escucho. I I NA FINURA Gedeón, que es, en tre otras c o s a s un hombre finísimo, escribía á un señor de cumplido en una de estas calurosas tardes de primavera... Y le puso al principio de la carta: Dispénseme usted si me he tomado la libertad de escribirle en mangas de camisa. p L Q l l E FALTABA- -En casa, todos hemos salido artistas- -decía una joven vanidosa en una tertulia. Sí? -repuso uno de los asistentes, con cierta sorna. R ECETA OPORTUNA A LA