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Yo acompañé á mis primos; les di posesión de la alcoba; charlé uu rato con ellos y salí de las habitaciones dejándolos en libertad. Mi mujer me esperaba en el comedor. Armería, ó ¡a parada de Palacio, que les gustará mucho... Tras este diálogo, el programa quedó convenido; pero ¡ay! que en su desarrollo hemos tenido disgustos muy serios. Ea mañanita en que fuimos al Museo de Pinturas, mi prima se mareó y nos dic el gran rato. ¡Uf, qué peste de estampas! -decía ante los cuadros, -á mí me va á dar mi flato. Gracias á los auxilios de un conserje, que la sirvió un vaso de agua frente á los Borrachos, de Velázquez, pudimos llevárnosla hasta casa. Pues ¿y el dia del paseíto en coche... Encargué para las dos de la tarde un precioso milord con llantas de goma. Mi mujer se vistió, y á las dos y media ya estaba lista. Llamó con dulzura en el cuarto de los forasteros y se encontró á mi parienta en corsé y sin acabarse de peinar. Dándose mucha prisa pudo terminar su ioíktle á las siete y cuarto. Cuando las señoras bajaron á la calle, el caballo dormía, el cochero roncaba y el precio del alquiler corría en balde. Ea flojera de mi prima nos ha desesperado. F u i mos tan tontos que después del chasco del coche aún nos atrevimos omar un palco para ver á la Tina ¿Has visto qué frescos! -me dijo. -Ya, ya lo he visto. Y pensarán estarse mucho tiempo... -No sé. Ella ha dicho que viene á ver al médico, y él, hablando de toros, me ha preguntado cuándo acaba la temporada. Se conoce que van á pasarse aquí un mesecito. -Pues nos han reventado. Yo no sé qué hacer con la pavisosa de tu primita. ¿Y yo con él... En fin, haremos lo que se hace siempre en estos casos. Eos llevaremos á dar un paseo en coche de hijo, iremos una noche á cualquier teatro y por las mañanas que vean algún Museo, ó la di Eorenzo... ¡Sí, sí, Tina... Cuando llegamos á la Comedia la gente salía del teatro. Yo no sé qué hacen mis primos en su uarto. Jamás salen de sus habitaciones á tiempo para ir á ninguna parte. Ni aun para ir á la estación. Para eso sí que tampoco se dan prisa. Y ¡3 a estoy viendo la despedida que nos largarán nuestros huéspedes! Algo por el estilo de esto: ¡Vaya, chicos, mil gracias por todo, y perdonad... Y ya lo sabéis; cuando se os ocurra ir por Churriana, ¡á casa! Precisamente tenemos un cuarto de reserva para los forasteros. Conque adiós... y hasta otra. Con esta despedida; con dejar dos duros para las criadas, y con la oferta de recibirnos en Churriana cuando se nos acurra ir (que no puede ocurrírsenos nunca) se creen cumplidos con nosotros, siendo así que con quienes únicamente han quedado bien ha sido con el doctor y con la amiguita paisana. Y como estos primos míos son otros niuáíosprimos que vienen á Madrid por esta época. ¡Nada, que nos ha reventado la Junta de atracciór de forasteros... Luis DE TAPIA. DIB J- 3 S DE C A N-