Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
J A gente forastera ha desfilado cariacontecida para sus patrios lares. No ha correspondido Madrid al sacrificio que ha hecho viniendo, á pesar de los pesares y de los antecedentes sanitarios que todo el mundo conocía. Para ver llover, bien estaba esa estimable gente en su casa, porque la ajena, sea fonda ó posada, es reclusión intolerable para todo espíritu que busca expansión en estos Madriles de Dios. Ha rendido tributo con varias víctimas al consabido timo del portugués le ha rendido asimismo con una vida á los tranvías eléctricos... Se ha aburrido soberanamente. Bso sí, para disculpa de Madrid, hay que consignar que con el tiempo ha ocurrido poco más ó menos lo que todos los años. Ríanse ustedes de la primavera aquí y en todas partes. ¿Cuándo ocurrió aquel famoso ciclón del año 86? ¿Cuándo cayeron aquellos pedriscos, famosos por el destrozo que causaron? ¿Cuándo se han registrado los grandes chubascos que aguaban indefectiblemente las carreras de caballos? En Mayo; á lo samo, en Junio. I, a primavera, cantada por los poetas, no existe. ¡Así tienen ellos esa fama de trápalas! Por causa ele la lluvia se aplazó el viaje regio á Valencia y se suspendió la inauguración del Certamen en la ciudad del Turia. Por ella se han arruinado los modestos industriales que llevaron sus rosquillas y sus baratijas á la Pradera, se deslucieron las últimas pruebas del Concurso hípico y del lawn- tennis y se suspendió la corrida del domingo. Gracias á que el lunes se arregló el tiempo para que se celebrase la corrida á beneficio del hospital. Y como la villa no tiene pasajes ni más plazas cubiertas que la Mayor, y para eso es la más sombría y triste de la villa, Madrid se ha aburrido también, sin más excepción que la de los fabricantes de paraguas y de impermeables y la de los limpiabotas. Puede decirse que de éstos es el reino de los cielos, cuando los cielos son tan llorones como el sábado y el domingo últimos. La corrida de Beneficencia y la recepción regia ce lebrada en Palacio con motivo del cumpleaños del Rey, con sus desfiles, alegraron el centro de Madrid la tarde del lunes. La calle del Aienal y la plaza de Oriente por un lado, y la calle de Alcalá por otro, ofrecieron al forastero un espectáculo verdaderamente deslumbrador y acaso no visto nunca. Sn días así, la capital de España tiene poco que envidiar á ninguna otra del mundo, La fiesta taurina, grande por el programa y por la fama que tienen siempre las corridas de Beneficencia, amén de loque se traían los espadas del cartel, tuvo de todo: palmas y pitos como dicen los revisteros. Palmas y pitos al pisar las cuadrillas el ruedo, siendo las palmas señal de sincero regocijo por ver á Bom- bila y MachaquUo, ídolos del público madrileño, y los pitos testimonio de protesta- -de despecho si se quiere- -porque los dos astros del toreo no se han avenido á figurar en el cartel de abono de este año. Aquellos silbidos querían decir: Conste, niños, que no os echamos de menos. Pero cuando Bombita, hizo verdaderas maravillas con los rehiletes, con la muleta y con el estoque, y cuando Machaquito, echó á rodar un toro de una soberbia estocada, la plaza entera se alzó en una formidable tempestad de entusiasmo, aquellos frenéticos aplausos querían decir, sin duda: ¡Conste, niños, que sí os echamos de menos! ¡que sin vosotros nos aburrimos soberanamente!