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aií coj ü ANO XIX NUM. 941 MADRID. 22 DE MAYO DE 1909 n- üaj. LAS GOLONDRINAS ¡Hola, Mariano! -exclamó D. Lucas bondadosamente. ¿Tanto corriste que así jadeas? ¡Quia! Lo que me fatigó no fué el correr, sino el andar mucho- -contestó el aludido. -Pues entonces- -agregó el párroco- -vamos á sentarnos en este banco que la cortesía municipal nos depara, y si la dureza de esta piedra te molesta y tu cuerpo te pide blandura, ahí está el césped. Siéntate, en él, túmbate. Pista suave como la seda, y muelle y tupido como alfombra ducal. ¡Qué hermosura de campo! La bendición de Dios ha caído sobre él... ¡Falta nos hacía, porque llevamos unas cosechitas... -contestó Mariano. -Por eso esperaba yo que ésta había de ser buena- -dijo D. Lucas; -porque ¿cómo quieres tú que Dios deje perecer de hambre á sus criaturas predilectas, que somos los hombres... ¡El, que alimenta las mariposas con el jugo de las flores, y los bichejos subterráneos con las raíces de las hierbas, y los lirios de los valles con las frescas aguas de los arroyos... ¡Pues, si no de morir- -exclamó Mariano, -dejónos p N el paseo de acacias que, puesto al lado del pue blo, era su único adorno y principal recreo, estaba D. Lucas, el anciano párroco. Bajo el negro sombrero, su cara pequeña y arrugada, descolorida y marchita, tenía cierto aspecto de vieja imagen de marfil. Llevaba en la mano izquierda un breviario, ya cerrado por haber terminado el rezo, y en la derecha un bastón que le servía de apoyo al andar. Sus azules ojillos, medio escondidos entre los párpados, miraban complacidos el prepotente resurgir de los campos en la tiente primavera. Hermosa estaba la tarde, apacible el ambiente y límpido el cielo. La inmensa llanura, orillada al fondo por un ciclópeo anfiteatro de azuladas montañas, se desdoblaba ante su vista, verde en los sembrados, gris en los olivares y parda en los terrenos incultos. El sacerdote andaba con placer de un lado para otro. ¡D. Lucas, D. Lucas... -dijo una voz á su espalda. Volvióse el interpelado, al mismo tiempo que llegaba junto á él un hombre, gordo de cabeza, recio de tronco y corto de piernas.