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LOS DÍAS PASADOS. DMPijMos nuestros deberes y ejercitamos nuestros T derechos de ciudadanos el domingo pasado. Aquello fué gloria pura. Votaron poquísimos muertos. Los electores de doble y triple personalidad fueron escasos. Reahuente, han soplado vientos europeos sobre nuestras costumbres electorales, diga lo que quiera de los humos al automóvil el creer que puede reemplazar en elegancia, visualidad y grandeza al carruaje á. la grandd Aumont, y en gentileza, alegría y entonación al mail coach. El caballo siempre será el noble bruto, gallardo, airoso, arrogante en sus andares; el automóvil seguirá siendo el bruto á secas, rígido, maloliente, estrepitoso en sus movimientos. La bella Guerrero ha vuelto al teatro de la Zarzuela y ha exhibido su hermosura y su arte en nuevos cuadros de mímica, c ¿ue tanta popularidad la han dado allende y ahora aquende las fronteras. De aquí pasará á América á pregonar con su palmito la belleza femenina española. Está de Dios, sin duda, que las manifestaciones más características de nuestra raza hayan de encarnarse en personas cuyos nombres suenan á algo bélico y batallador. El toreo tuvo su más alto plenipotenciario en, un Guerrita. La belleza tiene su más deslumbradora embajada en una Guerrero. El arte escénico la tiene en otra Guerrero. ¡Qué guerrera es la gente española! dirán los que no la conozcan. Y es la más pacífica y bonachona del mundo y sus arrabales! El domingo pasado se celebró por primera vez éu dos templos de Madrid misa cuya capilla estaba formada por bellas señoritas de la alta sociedad La doctrina del Papa de que el pueblo rece la misa cantándola se va cumpliendo en esta corte. Prueba de ello es también la misa coral que á mediodía se canta todos los domingos en San Francisco el Grande, formando nutrida masa vocal centenares de señoritas. VA ilustre P Calpena, organizador de estos cultos en S ij el general López Domínguez, que fué á emitir su sufragio y se encontró sin él. ¿Qué querrá este buen señor? l i a sido y es cuanto se puede ser: ministro, presidente del Consejo, del Senado, capitán general, jefe de partido... y todavía, pareciéndole poco, ¡quiere tener voto... Ello fué que al acercarse con el papelito de la candidatura á la urna de los votos le dijeron que no había de qué y que podía volverse á su casa. JSTo es la vez primera que le ocurre lo mismo por cuestión de un papelilo. ¡Bien nos hemos ponderado todos nuestro arranque político- electoral! Todavía no hemos acabado de comentarle. Estamos como chiquillos con zapatos nuevos. Tan por lo serio lo tomamos, que ya lo vio el mundo entero; siendo domingo y todo, día de huelga y francachela, apenas hubo ciudadano que hiciese novillos. Todo bicho viviente fué al colegio. El concurso hípico ha empezado con buen pie este año. El Hipódromo se ha visto concurrido, y la alta sociedad parece decidida aprestarle su apoyo. No hay razón para negársele en Madrid y otorgársele en San Sebastián, por ejemplo. Claro es que esa fiesta ha perdido irremediablemente uno de los atractivos que antes tenía; aquel aparatoso y brillante desfile por la Castellana, en el que las más linajudas casas lucían sus magníficos trenes, arrastrados por soberbios caba- líos. El caballo de gasolina ha deshancado al de sangre; pero que se le quite de la cabeza ó de la caja í S íStWffgí aquel hermoso templo, debe sentirse satisfecho de su obra. Las jóvenes y bellas ejecutantes, también. Y ahora, un consejo que un sabio extranjero, el doc-