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El recurso r. o podía ser más sencillo y más práctico para que quien encontrase algún niño perdido pudierallfvarlo á s u casa y devolverlo á su familia, sin que ésta tuviera que apelar al otro recurso, también muy usado, de hacer vocear la pérdida, dando, no un cuarto al pregonero, segtin el dicho vulgar, sino un real, que no menos costaba aquel pregón. Tirso de Molina, en la segunda jornada de su famosísima comedia La Villana de Vaílecas da idea de ambas costumbres en la escena en que don Juan dice á Violante, que ha perdido la libertad: í- T a libertad que 5 C fué de casa, y como criatura no acierta ú volver á ella por más qiie llora y pregunta. cara un anuncio verdaderamente ezctrano, peregrinoy creo que único. III A principios de 176436 celebraron en Madrid diversas fiestas con motivo de los desposorios de la infanta María Luisa, hija del rey Carlos III, con el archiduque de Austria, Pedro Leopoldo, después Leopoldo II, emperador de Alemania. Entre aquellas fiestas fueron notables las dos funiones de fuegos artificiales que los polvoristas José Zamora y José de Vargas Torija quemaron en una de las plazue as del Retiro, llamada de la Pelota, para que la familia real pudiera verlos desde ios balcones de Palacio y el pueblo disfrutara tanihién del espectáculo. Como siempre ocurr; donde hay gran aglomeración de gentes, y muy especialmente de noche, hubo algunos hurtos y algunas pérdidas de objetos, que fu; ron anunciadas en el Diario. Entre esos anuncios apareció el siguiente en el A lo que responde Violante, siguiendo chtiscanirnte la metáfora; Pues cü. sela á las espaldas 1111 letrero ó esclit- jra 6 da un real al pregonero que él la hallará aunque sea aguja. En nuestros tiempos son frecuentes los extravíos iTT Pt de niños que, por su poca edad ó por su turbación y congoja al verse perdidos, no pueden dar las señas de sus casas. En días de fiestas públicas, procesiones ó algaradas, á la censurable imprudencia de algunas personas que llevan niños se une el increíble descuido que da ocasión á que se aparten, confundan y extravíen. En muchas poblaciones son llevados á los Gobiernos civiles, delegaciones ó alcaldías, donde sus familias pueden reclamarlos. La costumbre de los rótulos en las espaldas y la de los clamores del pregonero parece que se ha ido perdiendo, aunque yo recuerdo haber oído, siendo muy joven, en algún pueblo de Andalucía, la chillona voz de un vocero público, que iba repitiendo por calles y plazas, con monótona canturía, este pregón: ¿Quién se ha encontrado un niño? Particularmente, la cédula ó rótulo con la indicación de nombre y domicilio es tan conveniente y eficaz, que debiera haberse conservado ó debiera restablecerse. Si á mediados del siglo xviii aún se hubiera conservado por todos tan excelente costumbre, no se habría dado el caso de que el Diario Noticioso publi- númoro correspondiente al viernes 17 de Febrero de 1764: RESTITUCIÓN La persona que HUBIERA PERDIDO una criatura de pedio, que se encontró en el alto del Real Palacio del Buen Retiro la noche del día 14 del presente mes, acuda para su recobro á casa del Sr. Alcalde, don Antonio de Sesma, que está en la Carrera de San Jerónimo, frente de la del Sr. Marqués de San Juan, en donde se entregará á su padre ó madre. Si aquella criatura de pecho hubiera llevado el consabido rótulo se habría evitado la publicación de su extraña pérdida pero la descuidada ó perversa madre, fuera por incomprensible descuido ó por intencionado abandono, bien merecía que la hubieran dado un paseo, como el de Don Quijote, con otro rótulo en la espalda, aunque más expresivo por supuesto. FELIPE PÉREZ Y GONZÁLEZ. DIBUICS DR MEDJNA VE 7I A