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I U RÓTULOS EN LAS ESPALDAS Cervantes en la parte segunda de su 2? igcnioso hidalgo Don Quijote de la Mancha que cuando sacaron á éste á pasear por las calles de Barcelona, no armado, sino de rúa, y no sobre Rocinante, sino Eobre un. gran macho de paso llano y muy bien aderezado, pusiéronle un balandrán de paño leonado, en las espaldas, sin que lo viese, le cosieron un per amino, donde le escribieron con letras grandes: ESTE ES DON QUIJOTE DE LA MANCHA En comenzando el paseo- -agrega- -llevaba el rótu lo los ojos de cuantos venían á verle, y como leían KsTE ES DON OÜIJOTE D E EA MANCHA, admu abase Don Quijote de ver que cuantos le nuraban, le nombraban y conocían... Esa graciosa burla, no ciertamente de las peores que hicieron al asendereado caballero andante, según se cuenta en su admirable historia, se ha repetido más de una vez, particularmente en días de Carnaval, convirtiendo en aturdidos embromados á a gunos, que, á favor del disfraz y de la máscara, pretendían solazarse y aturdir á otros como embromadores. Ignoro si aquella chanza fué imaginada por Cervantes ó recordaba algún suceso verídico, como otros episodios de su inmortal novela, é ignoro si la tal burla sugirió una buena idea, dando á los rótulos en las espaldas más útil, práctica y oportuna aplicación, ó si el uso ya anterior de ellos con mejores y más serios propósitos inspiró al primer chusco que discurrió aquella broma, como ha ocurrido en otros casos semejantes. Recuerdo, por ejemplo, uno muy parecido, y asimismo aprovechado en un chistoso relato novelesco. Los que dejaban á un recién nacido en la puerta ¿e la casa de alguna jerso. ia acaudalada ó piadosa, con el propósito y la esperanza de que aquél tuviera amparo 3 aun bienestar que ellos no podían darle, acostumbraban aponerle entre las ropas un papel en que consignaban si estaba ó no bautizado, qué uombre tenía ó querían darle y aun otras circunstancias y pormenores, si los creían convenientes para lacilitar la buena acogida ó para fines ulteriores. líl ingenioso escritor del siglo xvii D. Alonso de Castillo Solórzauo, en su novelita titulada Las harpías en ¡Madridy coche de las esta as, utiliza el empleo de un papelito análogo para completar Ja pesada burla que dan á un enamoradizo y sandio don Tadeo. Después de haberle dormido con un narcótico, envolviéronle en una manta colorada, muy fajado como niño, con un paño delante, á modo de babador, y, metiéndole dentro de una gran espuerta, dejáronle colgado en el balcón de un indiano rico y miserable. Cuando los criados de éste descolgaron la esouerta y entraron en la casa al dormido y abandonado niño encontraron en sus ropas un papel que contenía los siguientes versos: Ea madvc que le psrió á aqucsLe niño qiic veis para que vos le criéis á vuestra x uerta lo echó. El bautismo se le dio; no se vuelva á bautizar que el agua le podrá helar; su crianza no os asoinbre; él luií nio os dirá sw nombre que pienso que sabe hablar. II Este mismo novelista, que también lució algunas veces su ingenio como au or dramático, en la jornada primera de su comedia El marqués de Cigarral da idea de aquel otro uso á que antes me lie referido, y pudo sugerir la broma quijotesca, como creo, ó tener su origen en ella. Fuencáir l, gracioso, se ha extraviado, y su sen r le dice: Dox COSME. Fuii: xcAiíRAL. Pues ¿en lugar tan sucinto te pierdes? Para otra vez he menester, como niño, traer puesto en las espaldas rótulo de pergamino.