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LOS DÍAS PASADOS C iíPUi, TADü el pobre Lagaiiijilla, que halló liorrible muerte en la corrida celebrada el domingo último en Madrid; derramada una lágrima á su infeliz memoria; compadecida la desdichada madre que se queda sin hijo, y probablemente sin pan; publicados los pocos datos biográficos del difunto; lanzados cuatro anatemas contra la inculta fiesta taurina; incluido el nombre del diestro fenecido en el martirologio taurómaco... hemos pasado á otro asunto... ¡Señor! si las corridas donde ocurren esas catástrofes no se suspenden inmediatamente después de la desgracia, y los espectadores siguen en sus asientos como si tal cosa, y acaso hostigando con los poéticos adjetivos de ¡mandria! ¡gallina! ¡jindama! y otros por el estilo á los diestros, emocionados, sobrecogidos por el cuadro de sangre que acaban de presenciar, en el cual ha sido víctima un compañero que, como ellos, estaba en el ruedo y delante del toro mismo que acaba de matarle, ¿pretenderán ustedes acaso que se hable de la supresión del espectáculo? ¡Antes moros! Antes Merinos (nombre del toro que mató á Lagaiiifilla, y que como Perdigón, el que mató al Espartero: quedará esculpido en los bronces de la inmortalidad taurina) Fueron puestos en libertad todos ó casi todos los detenidos á consecuencia de los pasados alborotos en los alrededores del Congreso, l l a y que suponer que todos han salido contentos de la prisión. Hay que suponerlo, porque se dan casos... lyos tribunales de justicia de París acaban de condenar á reclusión temuoral á un individuo que quería ir á los presidios de Ultramar y para lograrlo se acusó de lodos los crímenes imaginables. Detestaba el régimen celular. El de jjresidio le encantaba. No se le ¡la dado esta pequeña alegría y el liombre lia exclamado coa indignación: ¡No hay justicia! X os ruidosos debates parlamentarios de los dins i as idos tuvieron mucho público femenino. I as tribunas, ocupadas en sus primeras filas por bellas y elegantes damas, parecían canastillas de flores. ¡Y qué comentarios escuchábamos los que por obligación, jamás de los jamases por gusto, asistimos á las sesiones! ¡lUienos, pero buenos ponían á los oradores muchas de las concurrentes! También por aquí cunde el feminismo, y no faltará seguramente alguna propagandista que se embeba en. las doctrinas de una sufragista de Londres que para triunfar de la tiranía masculina propone que se recurra al antiguo procedimiento de Lysistrata o r g a n i z a n d o la huelga délos deberes conyugales, cosa que á los casados podrá parecerles nial; pero á los s o l t e r o s ¡de perlas! Ua denuncia de Macias ha sido otro de los asuntos de nuestras conversaciones. ¡No se diga lo que se ha hablado en las Cortes! No, que no se diga, porque la repetición nos aniquilaría. La pelota sigue en el tejado. Y el expediente de la construcción de la escuadra, en la presidencia del Congreso, á disposición de los señores diputados c ue gusten hojearle. Y no gustan. A mí se me figura que debe ocurrirles algo de lo que se ha contado recientemente á propósito del Clianleclcr y del actor Guitry, que va á ser el intérprete de la obra de Rostand. Kecibió un día un voluminoso manuscrito, original de- una obra iuédity, acompañado de una tarjeta que decía; Apuesto á usted lo francos á que no lee este manuscrito. Guitry devolvió los papeles á su autor con otra ta rjeta que decía: Ha ganado usted. Y le incluía si us) o francos. La gente joven de alto copete, encantada de Haber nacido. A la fiesta de los condes de Casa Valencia siguió la garden parly déla eñora de Iturbe; á ésta, la recepción de la marquesa de Squilache, cu 3 os salones se abren con tanta frecuencia a l a sociedad madrileña. K esta fiesta asistieron el Rey, varios príncipes é infantas, la nobleza más linajuda... y el tema (lela mayor partéele las con versaciones fué, sin embaí go un acto republicano: el que por la tarde había realizado en el Congreso Luis Moróte, el batallador oiputado de ideas democráticas, declarando que, después de estudiar el dichoso expediente de la adjudicación de la escuadra, rendía culto á laA erdad y álajusíicia, y reconocía que, á su juicio, el Gobierno ha procedido con perfecta honradez en dicho asanto. ¡Resulta tan estupendo ver un claro de hermosa sinceridad éntrelos plomizos y amenazadores nubarrones de la pasión! Banquetes en la embajada de Austria- Hungría y