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ANO XIX REVISTA ILUSTRADA NUM 939 MADRID, I. DE MAYO DE ¡909 JSÍ í iiSji- i 3 S í? ia ¿a X. V- V. NOCHE DE PRIMAVERA. pSTÁ cerrada la noche. Ya se fueron los últimos vestigios del crepúsculo y han callado todos los ruidos del día; la tierra duerme. Es la hora profunda en que las cosas se envuelven bajo la tiniebla, cansadas como están de la fatiga del día; es aquella hora indecible, tan vaga como un aliento ó como un anhelo, y al mismo tiempo tan pesada como un cuerpo que se rinde inerte. L, a hora más alta de la noche, ésta es la hora solicitada por el espíritu, que quiere verse á sí mismo al fin, frente por frente y sin la pesadumbre de la materia. I a materia duerme con su profundo sueño, y el espíritu, ¡oh anhelante alma mía! el espíritu se aligera y sube, vigila, vuela, como en un rapto de ideal deseo. No más ruidos, no más estruendo de lucha; basta ya de apariencias brillantes, de ambición y de cosas turbias; ahora duerme todo aquello que pertenece al día, y el mismo corazón desea reposar; y la tierra, de cansada, de harta como está, la ciclópea tierra duerme ahora, semejante á un monstruo pacífico y laborioso que se encoge y duerme bajo el maternal amparo de la noche. ¡Pobre niño fatigado, monstruosa y candida Tierra! ¿Cómo serán tus sueños ahora que te has dormido? Han callado las voces de la ciudad y del campo; las montanas enmudecen también, y apenas si á lo lejos se descubren sus enormes espaldas, sus cumbres de roca, en la universal tiniebla. El mundo se ha plegado como un libro que se cierra, y toda su turbia sabiduría, toda su fiebre y toda su polémica ahora calla, se esconde, duerme, dentro del misterio. Solamente pasan por el aire sutiles sonidos, un algo... un no sé qué... ¿Acaso el tácito restallido de unas invisibles alas? ¿Tal vez el susurro inefable de una palabra ultraterrena? ¿Un fantasma, un recuerdo, un sueño, un muerto... ¿Qué es lo que pasa por el aire? ¿Cuál ruido es ese que se oye... Y el alma quisiera sutilizarse hasta ei más alto límite, y ambicionaría desprenderse de los lazos que aún le atan al cuerpo. Puesto que la materia se rinde y duerme y el mismo corazón reposa, ahora es cuando el espíritu quisiera- -como una doncella que ama á un mancebo ideal y remoto- -escapar, evadirse, dejar la cárcel y eri abuudear luego... ¿Por dónde? ¿Cuál es el bien amado del alma? ¿Dónde está mi ideal amante? ¿Cuándo vendrá aquel mancebo á raptar la doncella de mi alma. ¿Dónde, quién es... Hfc ahí: las estrellas están parpadeando, vigilantes pupilas que se asoman á las ventanas de la Eternidad. ¡Puntos que demarcan el Infinito, cómo brillan! Son parecidas á lámparas; son ojos que me miran fijamente, allá muy lejos, desde muy lejos, desde el pozo sin orillas, sin fondo, del Infinito. Como todo duerme, como nadie vigila bajo la noche, yo soy semejante á un desertor que huyera de) campamento, buscando el portillo de la libertad. Y allá las estrellas me mirar, me llaman...