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sin tropiezo, queda encantada, y el que tomó el refresco muestra su gratitud diciendo cualquier vulgaridad, como, por ejemplo: -A mi el agua me da la vida. No hay cosa mejor que el agua. Y ésta es muy buena. ¡Caramba con él calorcito, cómo nos pone... Todos estos señores que dicen que no hay bebida 7 nejor que el agua, entran después en una cervecería y se quedan solos bebiendo boles y más boks. Claro es que muchas veces se bebe por vanidad más bien que por templar la sed. Los aperitivos se toman generalmente por hacer ver que nos son precisos, que tenemos costumbre de ehosy que sabemos pedir bitter, amepicóu vermouth y otras exóticas palabras por el estilo. Además, el lugar en que los aperitivos suelen tomarse, es causa de que apechuguemos con ellos. Sentarse ante un velador colocado en la terraza de un café de moda, es mucJio sentarse. Y lo peor no es el beber por vanidad. Lo peor es lo que les sucede á algunos individuos que pretenden de buena fe calmar la sed que les domina y no pueden conseguirlo á pesar de tener á su disposición todos los elementos necesarios. Me refiero á esos señores que entran en un modesto café, y tras muchas vacilaciones piden una gaseosa de zarza de esas que están encerradas en un sifón. El caballero oprime el aparato, y un chorro de espuma empieza á salir. La copa se llena al instante y aquella espuma es eterna. Cuando al cabo de un largo rato el nivel baja tm dedito, vuelve el señor á apretar el sifón, y otra vez la espuma lo invade todo. No hay manera de beber aquello que á través del cristal de la botella parece líquido y luego en la copa es jabón i Por fin el tren arranca y el vaso cae en las espumoso para afeitarse. Desesperante es la sed, pero manos de la vendedora, llevando en el fondo un sifoncito de éstos es la desesperación misma. una moneda que baila en el escaso líquido que sobró Y apenas si me queda otra cosa que decir á propóde la precipitada libación. El vaso de agua que en la plaza de toros bebemos sito de la sed y de sus remedios. Porque de la sed en el campo no hay que hablar. saboreando el boiiqiiet al aguardiente con que al anterior consumidor se regaló, en nada se parece á ese Todos ustedes la habrán experimentado. Hallar nn otro vaso de agua que sobre un platillo nos ofrecen, oculto manantial después de una larga marcha á pleno alargando el brazo, esas limpias mujeres, ataviadas sol, es hallar la vida. ¡Qué de elogios se hacen ante con tan pulcro esmero que excitan la sed y hacen uno de estos campestres charquitcs... Y ¡qué de poraceptar sin repugnancia el fresco contenido del cris- c ueríascon el pretexto de que en el campo t jHno y mojado recipiente. También es digno de estudio el vaso de agua que todo está bien... Unos beben c o n la mano, t n visita pedimos. otros saborean el agua- ¿Con qué lo va usted á tomar? -pregunta en seen u n cucurucho de guida la dueña de la casa. papal, y otros, en fin, O, quizá con más corrección, suele decirnos: ¿Con qué acostumbra usted á tomarlo... ¿Quiere nos ofrecen su petaca convertida en vaso, y usted azúcar. ¿Unas gotas de coñac... -Solo, solo- -contestamos con delicadeza. -lis n o s dicen con entusiasmo: como mejor quita. la sed... ¡Vaya un agua de A partir de este diálogo empieza en el interior del domicilio un verdadero trabajo de organización y pre- sierra... Como si l a s aguas senlacióii del vaso de agua. Se busca la mejor bandeja, de la sierra supiesen á tabaco de cuarenta y cinco. Pero se saca una cucharilla de plata y se coloca una servilleta de té junto al vaso y bajo la cucharilla. Después esto es inevitable. Hay gentes que todo lo estropean. la doncella se viste un poco; se pone un delantal Hasta el agua de los manantiales. blanco, y con la cara encendida y la bandeja en la Ninguna hay mejor que ella. Pero es preciso bebermano, penetra en la estancia y ofrece al sediento la con precauciones. Es preciso no hallarse sudando huésped aquel prodigio de decorado, que muchas ve- cuando se bebe, y es necesario sacarse de los bolsillos ces oscila entre sus dedos con peligro de dar en el de la ropa todo cuanto se lleve en ellos. Sin esta santo suelo. última precaución, el cortaplumas, el lápiz, ospitillos. -Gracias- -dice el que ha bebido, después de frotar todo va á parar al pocilio transparente. Y se acabó también la sed en el campo. sas labios con la servilletita. Ahora con el líquido que ustedes quieran lleno m; -No hay de qué- -contesta la zafia, y desaparece. La dueña de la casa, si la escena se ha deslizado copa y... iá vuestra salud... Luis DE TAPIA. I í. í -S DF. SANCHA otro vaso de agua muy característico es el que se bebe aprisa y corriendo durante la breve parada que hace el tren en una de esas pequeñas estaciones de ferrocarril. I, a aguadora nos entrega aquel vaso con cierta desconfianza. Impaciente y azorada, nos mete prisa con apremiantes frases. De pronto el vaso desaparece en el interior del vagón. L, a buena mujer sufre mientras lo pierde de vista y lo reclama á cada paso.