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cometer una injusticia caballar, porque han de saber ustedes que el caballo que lia ganado el premio del vsalto en el último Concurso de París tenía veinticuatro años; uno de veintiocho ganó el de Burdeos, y otro, en fin, de treinta y uno, se ha llevado el de Bolonia. A esa edad se les consideraba viejos. Es de suponer que se les desagravie conviniendo en que es precisamente cuando empiezan á hacer pinitos. ¡Llamarles viejos! Son cosas que hacen correr cuatro yeguas despechadas... Suceso literario de estos días, la aparición de España sangrienta, el último Episodio Nacional del indigne Pérez Galdós. Afortunadamente, el maestro tiene tiempo de escribir libros, además de organizar meriendas ciudadanas á beneficio de Sol y Ortega. Ks el mismo de siempre, dentro de su grandeza: bciiachór, confiadote, candido... La otra tarde decía en una sala del Co. greso: -Lo verdaderamente ciírioso es que desde que se me jalea más como político, se leen menos mis libros. Pero no era eso lo verdaderamente curioso; era que todo ello se lo contaba, ¡sí, señores! á personajes de sus obras: políticos de aluvión, literatos de secano, filósofos de café, figuras, en fin, de los rincones de ius novelas portentosas y de sus monumentales Episodios. ¡Y tan campante... Terminaron los conciertos de la Sinfónica en el Real. Seis conciertos, seis llenos, seis ovaciones, seis orejas. La última, con sus más y sus menos, porque los inteligentes encontraron que la Novena Sinfonía de Beethoven, servida á guisa de miel sobre hojuela- s, no merece ser mutilada por falta de coros, como lo fué, ni trocados sus tiempos como lo fueron para buscar el aplauso final, seguro con el scherzo. Realmente, Beethoven no necesita de un calderón ó de una cadencia como las divas para enloquecer al auditorio. Y amén de lo embarullado que resultó algún pasaje de la inmensa página, la gente se quedó con las ganas de oir los cantos de alegría con que el glorioso sordo terminó su Sinfonía, Pero es lo que hubiera dicho cualquiera de los profesores ejecutantes: -Si tocamos la obra entera sé acaba el concierto á la una, 5 nos impone una por puro virtuosismo recorre el mundo en pos de la gloria. No es que toque piano, pero se la ha oído poco. Se anuncia unos conciertos de Manen. Sarasate ha muerto; ¡viva el Sarasate catalán! Y á propósito de música. Ha empezado los ensayos la banda que para nuestro regocijo vecinal ha organizado el Ayuntamiento. La dirigirá el maest r o V i l l a de modo que más que banda de la villa, será banda de Villa. Porciertoque, cimo una novedad, se ha dicho que l a n u e v a corporación tendrá contrabajos de cuerda y violoncello. están cansadas de tenerlos las bandas de otras capitales: la de San Sebastián, por ejemplo. De modo que los que anuncian esas nuevas y no los encargarlos de los violones, son los que tocan el violón. Asunto de actualidad que no es lícito hurtar á la crónica son las tempestades parlamentarias desarrolladas estos días. De ellas no quedará probablemente más que una frase; otro timo que se pondrá de moda en todo género de conversaciones; mejor dicho, en las conversaciones de todos los géneros. Ya Ir verán ustedes. Nosotros somos nosotros- lo va á decir ahora todo bicho viviente. Hasta habrá obra del género ehieo con ese título. Y eso que quienes tienen derecho legítimo á decir con todo el sentido de reconvención y de protesta que pueda atribuirse á la exclamación ¡Nosotros somos nosotros! son los diez y siete millones de españoles á quienes los señores políticos aburren soberanamente con sus tiquis miquis intolerables. En los últimos días no ha habido más estreno teatral que uno en Lara: Por los suelos, cortés y galana refutación de Parlas mibes, de Benavente. Es plausible el hecho de que las obras de los maestros sirvan de estímulo para que otros escritores trabajen. Plagamos votos por que el ejemplo cunda. Pero no; no los hagamos, que estamos en vísperas de elecciones y andan por ahí los candidatos y sus agentes bebiendo los vientos por atrapar un voto. Harta desgracia es tener la obligación de votar. Y encima tener Ayuntamiento! ANGFL M. a C A S T P M multa nuestropresidente honorario, D. Juan La Cierva. Beethoven, como Wagner, tiene que cerrar también á las doce y medía. La condesa Helena Mortzsty n, pianista distinguida, ha tocado en la Comedia. Es una noble húngara de blanca tez, de cabello de oro, ¡simpática, elegante, que,