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TATURALMENTE! I legóun viajero d e á caballo á una posada, transido de frío y de humedad, y, apenas se apeó, acercó: e á la lumbre tanto que se quemó las botas. -Se va usted á quemar las espuelas- -le dijo la criada. L a s b o t a s querrás decir, muchacha. -No, señor; las botas se las ha que; uado usted ya. -D i me niño ¿cuáles el primer S a c r a m e n t o ae luestra Santa Madre la Iglesia? El mño se calla. -Fíjate bien, hijo mío... l e pre íunto cómo se llama el Sacramento ue recibe el niño recién nacido, y que le administra el sacerdote delante ie los padrinos. ¡Ah, sí... El bautismo. -Perfectamente... Y el segundo Sac- amento, el que se administra al niño aigún tiempo después de bautizado, ¿cómo se llama? El niño piensa un momento, y contesta: -La vacuna. L SEGU- DO SACRAMENTO RECIÉN NACIDO A Un p o b r e jornalero, que no había inscripto en el Registro civil á un hijo suyo, le advirtieron de los grandes peijuicios que le acarrearía ese olvido. Entonces el hombre se decidió á inscribirle, cuando la criatura tenía ya cuatro años. El escribiente extendió así la partida: Hoy se ha presentado Fulano de Tal declarando que le ha nacido un i ijo de cuatro años. -etc. etc. EL R E N G L O N E S CORTOS QIIE MJEDO! Al mirar esos resúmenes de los cuadros demográficos que publican los periódicos ilustrando á la opinión, -lo suscribo sin escrúpulos- -se me encoge un tanto el ánima, y angustiado y climatérico siento un poco de aprensión! ¡Oh, terribles estadísticas... La elocuencia de los números, perturbando los espíritus, nos ayuda á mal morir... ¡Que al saber las cifras lúgubres, y al pensar en los cadáveres, ni aun el hombre de más hígados tiene ganas de vivir... Invisibles, atomísticos, en espera de sus victimas, esparcidos por los ámbitos de esta culta capital, precipítanse los gérmenes de los males epidéiuicos... ¡Los que llenan la necrópolis y persiguen al mortal! Es inútil que los médicos, al saber algunos síntomas, quieran dar preceptos sólidos de una vida más feliz... Con perdón de los munícipes, esta villa es poco higiénica, ¡y aquí todos somos mártires en espera de un desliz! Y a es el industrial que, impávido, nos coloca ciertos géneros quien por causas crematísticas nos produce una inquietud... Ora el agua llega pútrida por ser viejos los depósitos, y al beber del claro liquido se perturba la salud. Las variantes termométricas que soporta el hombre cíyicc son las causas patológicas imposibles de prever... Siente claros los fenómenos de sus males, cuando atávicos siente en órg anos y visceras nuevas cosas que temer... ¡Todo se resiente. El cráneo, la laringe, las amígdalas, ei estómago, las vértebras, y los bronquios y el pulmón... El esóftigo, el apéndice, los ríñones y la médula, y los nervios y los músculos... ¡O. ué bonita situación! ¡Lastimosos espectáculos nos sugiere el cuadro tétrico! ¡Picurodínicos, broncjuiticos, primo níacos y demás! ¡Qué dolencias las nefríticas, jas hepáticas, las gástricas, las cardíacas, las histéricas... ¡Las que surgen á compás! P; uENA MONePA Un deudor se en- contró á su acreedor, el cual, después de las naturales reclamaciones, ¡e dijo: -Dice usted que no tiene para pagarme; pero la culpa es suya, porque no le gusta trabajar... ¡Siempre hecho un vago... Trabaje usted 3 no pierda su tiempo, porque el tiempo es oro. -Ya lo sé- -contesta el reclamado, -por eso pienso pagarle á usted o? 2 el ¿lempo. CUESTiON DE VISTA- ¡El tuerto de todos los días! ¡No puedo ver un tuerto, hombre! -Menos te podrá ver él á ti. PENSAMIENTOS El sinapismo es una cataplasma encolerizada. UN FARMACÉUTICO. Un hombre ingenuo es una chaqueta vuelta del revés... ¡Todo el mundo le ve el forro! U N SASTRE. ¡Lástima de grandes sombreros que cubren á tantas cabezas pequeñas! U N SOMBRERERO. El hombre es un mono que tiene el inconveniente de poder hablar. U N NATTJRAWS -A. EL MhJOR SJSTEMA- -Qué tarde vienes hoy. -Primero que convenzo á mi mujer de que rengo necesidad de salir, se me va un. a hora, ¿Tri queladices cuando sales de noche? -Hasta ue. a: o. En el templo del favor, todo es grande, excepto las puertas... ¡Hay que encorvarse mucho para penetrar por ellas! U N JOROBADO. Cuatro cesas hay, que siempre son mayores de lo que nos figuramos: nuestros años, nuestras deudas, nuestros er; emig os y nuestras faltas. U N PILÓSOFO.