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puso toda el alma; ¡jt- ro üijéiase oue, asustado de su mismo pensamiento al verlo en camino de volarporla vida, necesitaquese le convenza de quesu sueñosurgió del granítico bloque tan puro y tan bello como se engendrara en su fantasín... ¿De veras está esto bien... ¿Resnlta? ¿Es asi como había que hscerlo, Tales preguntas salen aciopelladamente de sus labios en íausca de la oportuna respuesta. Y después viene la justificación de la idea servida, del grupo com- deramente conmovedor entonces el gran artista, al entregar su corazón después de haber mostrado su talento. Cuando Agustín Querol ganó les inmarcesibles laureles de La iradición acaso no sospechara que nos ofrecía eu esta obra un símbolode su tendencia artística. El es, sin duda, un escultor tradicional, si consideramos el adjetivo en su verdadera significación que nos habla de la a ntigiiedad clásica, hoy de nuevo evocada por los altos luaestros. ¡De aquella época en que la escultura era algo verdaderamente grande que respondía á la grandeza del espíritu! Basta recordar cualquier monumento de los suyos, par- verle alejado de la correcta y fría manera con que qi: iso encauzarse, en un tiempo ya olvidado, la audaz inspiración del cincel. Aunque no estuvieran todos