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í- ie p L a m i g o de Queroique se le encuentre después de unos días de ausencia, recibirá indefectiblemente esta pregunta: ¿Por qué no v a s p o r casa... ¡Tengo algo nuevo que quisiera enseñartel Lainvitación es tan sincera y tan fervorosa, que el i n v i t a d o se apresura á aprovecharla, presentándose en el estudio de la calle del Cisne, donde el ilustre escultor le recibe con infantil alegría y le muestra sus trabajos y sus proyectos y le habla de sus entusiasmos y de sus esperanzas. El visitante se convence áseguida de que hay, en efecto, algo nue vo q u e v e r en aj, 3 i im lanza al mundo vivificado por su p r o p i o espíritu; perosiemprepide un juicio sincero, un parecer franco, una impresión leal hasta á los más profanos eu su arte... Cultivador de la escult u r a monumental, piensa tnlvez, y no se ec uivüca, que todo ciudadano es un crítico ante la estatua que se alzará en la plaza pública, y que sus palabras son, por tanto, muy dignas de tenerse en cuenta. Y es verdaderamente conmovedor verle entonces demandar con ansia la opinión ajena, como si le fuese indispensable para seguridadde la suya propia. El está conv e n c i d o de la bondad de su trabííjo, porciue allí DE ASTU? IAS aquellos talleres que recorrió i pocos días antes. Ya es una í! gura para cualquier monumento terminada, ya una composición variada ó corregida, ya hecha plástica la idea de que le habló el artista, ya, en fin, otro proyecto para otro concurso, donde el autor ha dejado una vez más la inconfundible huella de su talento creador. ¡Siempre hay novedades en el estudio de Querol! Y ellas acusan con soberana elocuencia la inquebrantable fe y la constancia laboriosa de este hombre digno de toda admiración, que vive en perpetuo triunfo y nunca se considera satisfecho... ¡Que tal es la característica de todos los espíritus superiores! Nadie con menos vanidad que él cuando ofrece las primicias de sus creaciones á quien admirado las contempla. Tiene el legítimo orgullo del artista que ama su obra; mas no ese vicio pueril que algunos toman por virtud y que sólo sirve para aventar afectos y simpatías. Querol os enseña sus trabajos con el entusiasmo natural del padre que cree en el hijo que