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la famosa Jtianeca en un salón- teatro. El respetable público tuvo con ella igual benevolencia que cuando la ha visto ante los tribunales. Es decir, se ha convencido de que la zM ííasabemuy poco de la estafa cuyo proceso la hizo venir de América. Y de arte, lo mismo. También hemos tenido regatas en las procelosas aguas del estanque grande del Retiro. Bueno es que vayamos entrenándonos para cuando tengamo. s que había anunciado para el jueves tuvo que anticiparle al miércoles. ¿Saben ustedes por qué? Porque el jueves era función de moda en el circo y había abonados que no podían privarse del espectáculo de titiriteros en la plaza del Rey. Y ahora, ¿tendrán ustedes la osadía de pensar que no hay afición á la música? Los príncipes Nashimoto, del Japón, han sido nuestros huéspedes. La princesa llamaba la atención por su figura esbelta y por sus toilettes elegantes; sino que nos hubiera gustado más verla vestida con kimono. Nos molesta que los extranjeros nos tengan por una España de pintura de pandereta y, sin embargo, seguimos creyendo en un Japón de país de abanico. El príncipe Nashimoto no nos pareció, no, figura de jarrón- de porcelana. Su tipo varonil y marcial evocaba el recuerdo del terrible drama sangriento del cual los japoneses salieron tan amarillos como entraron, y los rusos, de oro y azul. Se reanudó la vida de los salones. La embajada de Alemania rompió la marcha abriendo los suyos en honor de la infanta doña Paz para una fiesta espléndida, rematada con un baile, al cual concurrió otra infanta, doña Isabel, y la alta sociedad madrileña. Los elegantes escriben en su carnet los nombres de fps condes de Casa- Valencia, de la marquesa de Squiíache, etc. grandes protectores de la juventud dorada canalizado el Manzanares, que va á ser el día menos pensado. La fiesta náutica tuvo público, porque en Madrid le tienen todas la. í fiestas, especialmente las que no cuestan dinero. Consecuencia de ello es lo que la semana pasada apuntábamos acerca del oo ¿a 4 y hoy señalamos respecto de las regatas: la golfería madrileña se siente sportman. ¡Oh, si sintiese el mismo entusiasmo por aprender lo que puede serla útil y práctico... ¡Si siquiera la sirviese ese cariño al agua para tomar de vez en cuando un baño de aseo! I, as regatas en el Retiro son, naturalmente, de botes; pero de botes malos. No hay afición al deporte náutico en Madrid. Si existiese habría esquifes y yolas en el estanque. Y el público de las regatas se compondría de muchos más aficionados que la hig Ufe de la Ribera de Curtidores, del faubourg del Matadero y del Picadilly de las Injurias. La temporada taurina empezó bien, siguió mal... ¡Sabe Dios cómo terminará! El primer día, satisfacción general, toros aplaudidos, toreros puestos por las niibes... El segundo, ídolos por los suelos, reses fogueadas, presidencia escarnecida. Y á todo esto el telégrafo de provincias acusando en la toreiía más bajas que el tifus exantemático en San Juan de Dios. IJn día de éstos veremos á los empresarios de corridas incluidos en el martirologio. O en los registros de San Bernardino. Siguen concurridísimos, brillantes, los conciertos de la Orquesta Sinfónica en el Real. En el del domingo se tocó por primera vez una preciosa stdie sobre aires murcianos, del maestro Pérez Casas; una preciosidad musical que fué aplaudida, pero de verdad, sin alabarderos- Y eso que el autor es el director de la banda del Real Cuerpo de este nonibre. Ahora la orquesta está en Barcelona. El concierto que baila y se divierte, y á la cual acaban de prometei nuevas fiestas. La vida así es un vals de Strauss... Para no tratar de cosas desagradables hagamos caso omiso del tifus exantemático y de la política, dos cosas distintas y una sola calamidad verdadera. Además, habría que hablar de casos clínicos y de elecciones municipales, y la verdad, tan peligroso es meterse en el Ayuntamiento como en San Juan de Dios. La primavera es alegre. Madrid será una primavera, según dicen por ahí, pero no padece como Barcelona atentados diarios. ¡Ni un Arrow para descubrirlos! ÁNGEL M C A S T E L L