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LOS DÍAS PASADOS. 1 AS campanas voltean sonando á gloria... Termina la Semana Santa con sus solemnidades religiosas. Muchas fueron éstas, y todas se vieron concurridísimas, especialmente las de la capilla de Palacio, que tiene siempre el mismo público á prueba de codazos, pisotones y sofocos, y las de la catedral, donde íia dado brillo á los cultos el concurso de la capilla Isidoriana, institución artística verdaderamente notable. De la romería de la Cara de Dios no hablemos. Todavía subsiste esa fiesta, escarnio de todo sentimiento, no sólo religioso, sino cívico, porque el espectáculo d e v i n o y de escándalo que se da en las calles de Madrid en la mañana del Viernes Santo es cosa que hace ya tiempo que las autoridades han prohibido en Villarretruque de Abajo y en Valdeadoquines de Arriba. Hay indicios de que tampoco en el Rif se consienten cuadros de ese género. Marcharon repletos de viajeros los trenes botijos á Murcia, y los expresos á Sevilla. La verdad es que en cualquier parte tiene más atractivo la Semana Santa que en Madrid. Agreguen ustedes la bondad de la temperatura murciana y sevillana y la alegría de su sol incomparable. Si los franceses, para echar una cana al aire, tienen el pretexto de ir: au pays dii soktl, que es Biarritz, casi siempre envuelto en celajes y temporales, ¿cuántos mechones tendremos derecho á echar los españoles con esos rinconciíos de cielo que hav junto al Segura y al Guadalquivir? Positivameute los viajeros de Semana Santa han sido más este año. Ha habido también otro pretexio; la salud. Cierto que ha ganado mucho el estado sanitario, y, precisamente desde los días vísperas de. las pasadas fiestas; pero para el que decididamente había de hacer un viaje huyendo de las enfermedades, la situación no ha variado. Lo esencial es que vamos mejor, y que un día de éstos se pensará en la celebración de fiestas, á guisa de tedeum para celebrar el feliz términ del estado anormal que hemos padecido. in el programa no debe faltar el renglón de fuegos, pero no artificiales, sino naturales. Por ejemplo, el Asilo Tovar. y algunos otros edificios que han sido campo de operaciones. del exantema, quemados en pú iUica y solemne sesión, sería festejo admirable y co isolador. Los partidos áe foo -ballqne los diaspasados celebraron varios clubs españoles en el llamado Campo de Madrid para disputarse el campeonato de España, ha sido espectáculo aprovechado por millares de madrileños, y como es fiesta á campo abierto, los espéc- tadores cunden y la afición se desarrolla. No falta en primera fila la golfería, y es curioso por cierto oír á esos proceres y capitalistas del hampa madrileña cuando se juega un partido. Estos, si ejercen de vendedores de periódicos taurinos, gritarán: í t pogramn oficial de los toros! pero en el Campo de Madrid saben decir cuando llega el caso: ¡penalty! ¡gol! ¡córner! El otro día surgió una duda al hacerse un goal. La resolvió el referee, pero no á gusto de dos golfetes interesados, sin duda, oor el ieam no favorecido con la resolución. ¡Mía tú ese referí, iiinchi! ¡Nos ha vacunao el gachó del arpa dando por bueno ese chtii! -decía el uno. -Ni que icir tie que ha sido azü del gólkiper. La Pascua llega brindándonos esplendideces de primavera. Si no lo proclamase la solemnidad de estos últimos días, revelaríalo el aspecto de. la. calle de Sevilla. Fíjense ustedes en ella. Han desaparecido los cómicos parados -y tan parados que hacían rlifícil la circulación de los viandantes por las aceras- -para marchar á provincias. Los han substituido los toreros que vienen en expectativa de contrata. Muchos tornan de América sin olvidarse, por supuesto, de telegrafiar á los periódicos desde el puerto donde desembarcan. ¡Qué peste de telegramas. Al pisar tierra española, vcá primer saludo es para la Prensa y para el público i. M. ñ. Ax A. -El Zapatilla Cinco. Ese saludóse ha hecho epidémico, y alcanza á los artistas, especialmente á ellas. Envío un cari-