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rí W f J t B: FII X ¡ES de la juventud, raes del amor, de la alegría y de las flores, ¡sólo porque tú existes se puede amar la vida! Eres, Abril, como una canastilla de violetas, y así como no es posible oler una violeta sin acordarse en seguida de la mujer, tampoco se puede murmurar tu nombre, ¡hermoso Abril! sin que la imagen del amor se presente en el alma. El año es muy largo, y entre los numerosos días que pueblan cada año. ¡cuántas horas de dolor, de hastío y de inquietud nos asaltan! Pero el año tiene un mes, que es el de Abril, y que sirve para compensar todas las negras horas de dolor. ¡Oh, Abril, eres como la gota de rocío que cae sobre la frente del viajero! Largo es el camino del año, y la sed es grande; pero la gota de rocío viene á refrescar la frente del caminante lo mismo que un mensaje del cielo. r; f do L, a vida tiene un período de ilusión; son los quince años: el añ tiene también sus quince bellos años; Abril. Vienes cantando y riendo como una niña acabada de entrar en la adolescencia; traes el sol encima de la frente, las fjores entre los brazos, y en tus cabellos sonríe la brisa. Y llamas á las puertas de todos los corazones con una impaciencia vivaz y retozona: ¡Despertad pronto, corazones, que ha vuelto ya la prima vera... Y para que se cercioren de que es verdad, á la puerta de cada corazón dejas una esperanza, que es lo mismo que decir una flor. Porque si las praderas terrenales se adornan con flores, las praderas del espíritu florecen con esperanzas. ¡Oh, Abril hermoso y lleno de piedad! ¡Benjamín del año! ¡Sonrisa del tiempo! ¡Pródigo repartidor de bienes! Al niño le haces sonreír, al adolescente le inicias en el amor, al hombre le infundes entusiasmo, al viejo le acaricias con la miel de los recuerdos. Para todos traes algún pedacito de felicidad. ¡Oh, generoso Abril! poi qué te marchas tan pronto... Pero vendrás otro año, y otro más, otro más... Eres eterno, lo mismo que el sol. Cuando nosotros desaparezcamos, tú seguirás acudiendo con tu canastilla de flores, alegrando el corazón de los seres que nos sucederán. ¡Oh, Abril florido, quién pudiera renacer como tú, en una sucesión interminable de vidas! Pero ya que esto no puede serme dado, ¡ch. Abril, no te olvides de llamar á la puerta de mi corazón todos los años, todos los años de mi vida, y despiértame con tus risas; llama bien fuerte cuando esté dormido, deja una flor á la puerta! Aunque la nieve de la ancianidad cubra mi cabeza, ¡no te olvides de llamar á la puerta de mi corazón, generoso Abril, y deja caer una flor de esperanza! losé M. a SALAVERRIA OIBUIO DE REGIDOR