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que Voltaire un poeta espaiáol, no sólo la hahía también relatado en verso, sino que había incluido la narración en una obra tealral, y en forma que bien pudiera haber sugerido la idea de una comedia como la de los Sres. Flers y Caillavet. El ingenioso poeta granadino D. Alvaro Cubillo de Aragón, que brilló á mediados del siglo xvii, escribió varias comedias que lograron buena fortuna porque, según sus propias frases, la formidable mosquetería perclotiólc muchas veces. en mccUo de ios embates de r. opes y Calderones de Vélez y Villayzanes rehusa dar su opinión, fundándola en un cueutecíllo que era popular en España por aquellos tiempos: uiga el dichu, que importuna es la ocasión; yo por Dios, que uic dejara á las dos. Mire, muesa ama, yo oí al cura de mi lugar (ya que por fue za lia de dar su alcalda la Bras aquí) que ú un borrico dos inontorics le pusieron de cebada, toda limpia y ahechada como unos gordos piñones. Y xjuesto el asno, en efeto, igual distancia apartado. Í- C halló tan embarazado (porque era un asno discreto) que dudando ú cuál iría, apeteciendo y dudando, se quedó á los dos miraiulo, sin comer todo aquel día. Pisto el cura me contó, y agora que el cuento aprico, de la maña del borrico con las dos usara yo. En una de esas comedias, Ei amor como ha de ser. la infanta Rosimunda, hermana del rey de Ñápeles, llama al viejo don Beltrán y al labrador Eras para hacerlos jueces de una porfía, que el conde Claros expone en estos téiminos: Uu g- alán quiere por fe á una dama que, en ausencia, sin que la viese jamás, a adora tan ciego y loco, que, en servicio suyo, e. s poco perder la vida y aun más. De otra e. tá Eavorccido, y, aunque él no la tiene amor, ambas al trance ma or de un (jeligro lian concurrido presente el tal caballero. Dúd: i? e en esta ocasic 3 n á cudl tiene obligación de favorcecr primero. El viejo don Beltrán, á pesar de la experiencia de sus nixchos años, elude dar su fallo, diciendo: No es tan fácil que, atrevido, resuelva en ello tan presto, porque es el que habéis propucsti punto muy controvertido. Pero el rústico Bias, cou su gramática parda, no Muchos años antes que Cubillo, el üceaciado Francisco de Ubeda ó fray Andrés Pérez, en su libro de entretenimiento La picara Jmíina, por primera vez impreso en 1605, hace mención del asno famoso, al referir la protagonista su situación en un grave trance de su vida: Parecía al asno de Burridano (sic) que estando nauerto de hambre y en medio de dos pien sos de cebada, de puro pensar á cuál saludaría ijrimero, nunca comió del uno ni del otro. Posible es que no hubiera necesidad de rebuscar mucho para encontrar otros paradigmas que acreditaran la fama, en Francia y fuera de Francia, del asno irresoluto, pero á nuestro propósito basta lo copiado para demostrar que en Es aña era ya de antigu: popular y conocido el caentecilio, fábula ó frivola historia de Ei asno de Biuidán. FE- UPI- PÉREZ y GONZÁLEZOJUUr. S DE MEDINA VE A M m