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En cambio, la gacetilla judicial, menos reservada, nos ha contado que una toma de dichos tuvo por epílogo, en la calle de la Pasa, una lluvia de bofetadas co 1 que la novia, garrida moza del Ávapiés, obsequ ü á su prometido al enterarse de que, aunque pin- Si son ustedes aficionados ala fiesta nacional sabrán usteues la infausta nueva. Ea, temporada taurina se abrirá sin el concurso de los más afamados diestros del calendario taurómaco. ¡Es un dolor! ¿Cómo vamcc á quedarnos afónicos de gritarles horrores y á rompernos las palmas seguidamente á fuerza de aplau dirles? Ea empresa no ha podido hacer milagros. Los primeros espadas querían contrato abierto. Contrato abierto es algo asi como un contrato de inquilinato, por el caal el casero se obliga á facilitar un piso y el inquilino á no pagarle si le viene en gana. Claro, no hay caseros que se entusiasmen con ese sistema. Y para que vean ustedes lo que son las cosas y las contradicciones... ¡Esas estrellas que quieren contrato abierto se han cerrado á la banda! Aunque la política se despega de estas páginas, es oportuno registrar el hecho de que un orador insig ne, el Sr. Azcárate, se ha dado de baja en el Congreso porque sus electores creen que debió ir el domingo á pasear á la Castellana con Sol y Ortega. A Azcárate e gusta más el Retiro, y al Retiro se vuelve. Es uno de los oradores parlamentarios más antiguos, más respetados y más estimados. En sus discursos siempre decía algo. No crean ustedes que con todos los oradores ocurre lo mismo. Muchos hablan y hablan y no dicen nada. Es una oratoria especial la del Sr. Azcárate. Habla sin empaque; su elocuencia es la sencillez. Algunos párrafos los termina precipitadamente rematados con un etcélera... etcétera que dejan al auditorio en ayunas, pero que le hacen gracia. En el Congreso le oía todo el mundo, cosa que tampoco les sucede á todos los oradores. Su ausencia de aquella casa ha de lamentarla el público de las tribunas que nc tor, y no de historia, tenía mucho que historiar. El doncel, en vez de ir á casa de Botín, fué á la de Socorro, porque eso de que manos blancas no ofenden, es según y cómo. Madame de Sevigne, según Racine y el caballero de Boufflers, tenía las manos más pequeñas y más bonitas del mundo. Un retrato hecho por Fernando Elle, y que, encontrado recientemente por Noolhac, resulta hecho veinte años antes que el famoso pastel de Nonteuil, confirma la exquisitez de aquellas manos adorables. Y, sin embargo, el caballero de Mere pudo dar fe de que manos tan bellas no ofendían, en efecto... pero hacían bastante daño. Novedades teatrales no ha habido apenas. ¡Qué quieren ustedes que haya en Semana de Pasión! Ea Zarzuela se atrevió á estrenar el lunes La corte de Júpiter, y no hubo de Tonante más que el público. Price cerró sus puertas con La 7 jiuda alegre, que ha dejado á la empresa buenos miles de duros y á Madrid un valsecito que está haciendo buenos á la canción del vagabundo y al tifus exantemático. Le taiarean ya los barrenderos de la villa al dedicarse á las ocupaciones v e su sexo. En el último concierto de la Orquesta Sinfónica el auditorio frunció el ceño á Brahms y á Deboussy, y sonrió á Wagner. Un paradisíaco calificó duramente la Rapsodia España, de Chabrier. El hombre había logrado descubrir que la obra de Chabrier es inferior á la Novena Sinfonía de Beethoven, y quedó tan satisfecho. Se comprende. Esto lo dice Joachim. Y además le da la enhorabuena. perdonará al cuerpo electoral de León el rigor con que ha tratado á su ilustre y sabio diputado. ¡Vaya, vaya! ¡Y luego dirán que no es tan fiero el León como las gentes le pintan. ÁNGEL M. a CASTELL.