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LOS DÍAS PASADOS... iT o la aparición de estas líneas en BLANCO Y NEGRO coincidirá la de palmas y ramos en las puertas de las iglesias. Ya está aquí la Semana Santa con su profusión de solemnidades religiosas. Ha empezado también la revolución de trapos en el seno de muchas familias. I a mantilla espera para lucir, bajo claveles y geranios, en los próximos días santos. La mantilla clásica, la de rico encaje, no espera. Yace retirada esperando mejores tiempos, que acaso, ¡ay! no lleguen. La mantilla de ahora, ya lo verán ustedes estos días, es otra. Es la mantilla Boro, la industrializada, la de vistas de seda y alma de algodón, la que por su baja condición está al alcance de todas las fortunas, sin excluir la más modesta, que es la más corriente y sin discusión alguna la de las niñas cursis. Por eso la clásica, la rica, la legitima se oculta avergonzada. La vil falsificación la ha ahuyentado. No podrá afirmarse, ¡eso no! que todas las que llevan mantilla blanca son cursis; pero sí que todas las cursis se ponen mantilla blanca en Semana Santa. Y la cursi es desgraciadamente tipo español. En el extranjero veréis mujeres elegantes (aquí también) y mujeres fachas pero cursis no. Lo cursi, qne viene á ser lo de quiero y no puedo lo presuntuoso, o fusilado de lo elegante es, por desdicha nacional, patrimonio exclusivo de nuestra tierra. La reciente muerte del ilustre académico de la Lengua Sr. Hernández Fajarnés ha hecho renacer antiguas discusiones sobre la provisión de las vacantes en aquella docta y alta corporación. Y han renacido aquellas polémicas porque se dice que no nna, sino dos escritoras han dejado deslizar la idea de su probable pretensión á sentarse eu uno de los sillones de la Walhala literaria. Nada de estupendo tiene esa aspiración, que para ser verosímil reúne además la cualidad de traer aires franceses. Ya sabrán ustedes que una dama proyecta entrar en la Academia Francesa. FIs la condesa de Champion. ¿Qué? ¿No les suena á ustedes? Es verdad que sus obras literarias no son muchas, ni muy conocidas, ni muy notables. Partie de Campagne es de entre ellas la más leída, porque regaló muchos ejemplares. Pero, en fin, ello es qué en uso de su legítimo derecho quiere ser inmortal en su país. Adviértase, eso sí, que la condesa tiene setenta y cinco años, y á esas alturas ¡quién no acaricia la idea de la inmortalidad! ¿Fueron ustedes manifestantes el domingo próximo pasado? No lo tome á mal ningún lector por maurista que sea. No es ningún desatino dar un paseo á pie en las primeras horas de la tarde, y con un tiempo como el que el domingo hizo, desde el Salón del Prado hasta el final de la Castellana. A diario se lo dan muchas personas sin contar con el Sr. Sol y Ortega ni ser devotos del Sr. La Cierva. La manifestación fué nutrida y ordenada. Hay que hacer justicia á los manifestantes. Fueron juiciosos. Hay que hacérsela á las autoridades. Fueron prudentes. A quien no es posible entender es al Sr. Sol y Ortega. El quería que Madrid se hiciera solidario de sus manifestaciones en la Alta Cámara. Y un hombre que quiere hacer solidarios, ¡es eneiuigo de la Solidaridad! Novedad, y grande, de los días pasados... es el proyecto que el Sr. La Cierva ha llevado á las Cortes para al aratarnos el telégrafo y el franqueo de las cartas, suprimir en determinadas poblaciones el perro chico que damos al cartero por cada misiva, establecer los paquetes postales, el giro postal, ampliar la red de comunicaciones y no sabemos cuántas cosas más, todas ellas muy prácticas y muy plausibles. La reforma es, pues, de gran importancia, y no se lia ponderado tanto como se censuró, por ejemplo, el cierre dominical de las tabernas; pero no importa. Correos y Telégrafos están que no les cabe la alegría en sus respectivos Cuerpos. Jackson Veyan, ya se sabe, largó los inevitables versos saludando al ministro y al director general, pero si las Cortes se apresuran, como es de desear, á aprobar tan útiles reformas, la fecunda musa del apreciable poeta y telegrafista va á sufrir una contrariedad, porque funcionarios y público van á prorrumpir en ¡aleluya! ¡aleluya! ahogando las que él haya de componer. Cerráronse definitivamente los salones aristocráticos, hasta que, llegada la Pascua, renazca la alegría general. Las bodas han sido muchas, y no ha habido día sin que hayan dado cuenta de una ó dos nuestros cronistas de salones. De alguna deshecha repentinamente á última hora pudieron hacerlo, pero hay que aplaudir su discreción.