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Con ferrible fragor frepii y la fierra agriefada, presa un instante en los inciertos giros de una macabra danza, hace hundir con estrépito C udades que orgullosas s e alzaban, y caen á su temblor apoosiipfico palacios y murallas. Un grito de terror inexplicable os pechos s e escatja; pero al espanto del tirmier instante la compasión reemplaza, y d e s d e todas partes, entendiendo la caridad sus alas, corre á llevar con fraternal cariño consuelo a la desgracia, socorro á la viudez, amparo al huérfano, enitivo á las líigrimas, Y á las regias ofrendas del magnate, las del pobre s u m a d a s hacen que á v e c e s la ciudad deshecha y en ruinas sepultada, vuelva á alzarse orgullosa con sus nuevoc palacios y murallas. 1 ambién el alma sufre terremotos, convulsiones extrañas; y siente cómo se hunden sin estrépito s u s ilusione. s caras; que si para el amor alzó en el fondo un magnifico alcázar donde pura guardó, del s e r querido, la imagen adorada, y si para la fe levantó un templo, donde en h o r a s a m a r g a s halló el consuelo de s u s g r a n d e s p e n a s cuando humilde rezara, tal vez al golpe del ingrato olvido de la mujer a m a d a y al constante chocar en s u s cimientos as olas voltevianas s e produjo en silencio la catástrofe, m á s grande por callada, sepultando en s u s rufinas fe y a m o r e s el templo y e ¡alcázar. Y comiO amor y fe cuando s e pierden, s e llevan la esperanza, ¡no hay consuelo para estos invisibles terremotos del alma! CE. so LUCIO CirUJO Vil VAHE! A