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i j ESCENAS PARISIENSES LA REINA D E LA MI- CARÉME Isleña de papelillos multicolores y muy contenta al verse tan festejada, entre aplausos y vivas atronadores, la reina de las reinas ha hecho su entrada. El día estaba frío... Soplaba el viento con violencia tan grande, que hubo un inomen; 5 en que todos temimos por la per. soua que iba allí paseando cetro y corona, porque aunque nos miraba muy sonriente, la pobre chica ¡daba diente con diente! Y en lo alto de su trono, gentil y ufana, cuando el regio cortejo pasaba el río, debió pensar de fijo la soberana: ¡Rediós, qué frío! París en este día se vuelve loco, hay orquestas y murgas á centenares; i; i el Gobierno está en crisis, le importa poco al pueblo que h a invadido los bulevares. La gente en oleadas se precipita íl paso del cortejo, y aplaude y grita, v iéndose apretujados en las aceras paches y cocoUes, snobs y h o r t e r a s Y la que en los teatros y en los salones fué acogida con vivas y aclamaciones; la que elegida reina por la belleza, paseó triunEadora su gentileza, ve el fin de su reinado. ¡Qué sacrificio! ¡Cuando estaba tomando gusto al oficio! ¿No es un dolor, lectores? ¿TSTo os emociona la desventura de la que ayer lucía cetro y corona y hoy despacha en la tienda de un salchichero? ¡Oe la que ay r fué reina de la hermosura, hoy convertida en reina... del fregadero! Tu reinado, que aclama París entero mientras te echa confettis á manos llenas, debió ser un reinado más duradero, ¡oh, reina de las rubias... y las morenas! ¡Porque con cuánta pena dejas ahora tus majestuosos aires de gran señora, y te quitas tus abalas de soberana para ser salciuchera republicana... No hay suplicio más grande, más doloroso que despertar de un sueño tan venturoso y sentir lo tremendo de la caída... ¡Es para estar llorando toda la vida... N. o... París no comprende que esto es injusto, que el dolorv estas reinas puede matarlas, y hace las? íijestades. ¡por darse el gusto de destronarlas! Josú JUAN CADENAS. unto al burgués la hermosa dama arrogante, a midtnelle del brazo del estudiante, Y este hormiguero humano bulle y se agita con rumor sordo... para ver á una linda salchicherita y á un bue muy gordo... ¡Lástima que belleza tan soberana después de haber gozado tanta alegría, tenga mañana que volver á una infecta mondongueriai