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Si CO ANO XIX M A D R I D 27 DE MARZO DE 1909 e ro N U M 934 KIv CHOCOIvJLTK venir brillante, Sanfeliz abandonó el camino refugiándose en la discreta penumbra de su carrera facultativa. Kra un médico que estuvo á punto de abandonar la medicina, pero que reanudó sus tareas y á ellas se dedica actualmente coa provecho bastante para vivir tranquilo. -Desengañado y un poco entristecido- -continuó Jacobo- -trato ahora de devolver á los hombres la salud del cuerpo, ya que de ciertas enfermedades espirituales no creo que se curen nunca. -Hombre, hombre- -le contesté, incitándole á má. s amplias explicaciones. -Pues si todos fuesen tan pesimistas como tú. la humanidad se estancaría. Y o como casi todo el mundo, he consagrado los primeros años de mi juventud á la defensa y propaganda de ciertos ideales, que después he visto rectificados por la vida. No los desprecio ahora, ciertamente; pero debo confesar que no me entusiasman, porque los considero imposibles, absurdos ó perjudiciales... ¿Y cómo voy á sentir amor por cosas que me parecen absurdas, ó que no creo hacederas, ó que pueden perjudicar á mis semejantes? Así nos decia una tarde en el café á varios compañeros, Jacobo Sanf eliz, el antiguo orador y polemista que alcanzara, en un tiempo, rápida cuanto efímera popularidad. Cuando se le creyó enfilado á un por-